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ARCO nos invita a visitar Perú, sin salir de Madrid

ARCO Foto @FeriaArco

El turismo cultural es el que más turistas mueve en el mundo. En la mayoría de los casos, porque permite conocer en primera persona culturas diferentes y a ciudadanos con costumbres y tradiciones desconocidas para el visitante. Pero ¿qué ocurre cuando podemos conocer una parte de su riqueza a muchos kilómetros de distancia? El caso que nos ocupa es un ejemplo. ¡Ah!, una cosa está clara, es imperdonable no aprovechar la oportunidad que ofrece ARCO, junto con la embajada peruana, a través de PromPeru.

 

La Feria Internacional de Arte Contemporáneo, ARCO, ha invitado a Perú como país invitado y las autoridades peruanas no han dudado en llevar a Madrid una gran variedad de su cultura a través del arte, tanto tradicional, como histórica y actual. Madrid sirve de puente durante unos días para conocer esa propuesta, en la que desembarcarán unos 120 artistas de ese país sudaméricano y que podrá ser vista por un millón de personas en diferentes exposiciones dentro y fuera del recinto ferial.

Veintitrés artistas peruanos representados por galerías tanto peruanas como europeas, expondrán sus obras durante estos días dentro del espacio "Perú en ARCO". La selección realizada por la comisaria Sharon Lerner, -curadora de arte contemporáneo del Museo de Arte de Lima, permitirá que los visitantes descubran las particularidades del arte más actual del país andino, analizar su obra y conocer el mundo en el que se desenvuelve la cultura peruana del siglo XXI, que entronca con sus raídes de cinco mil años de historia andino-amazónica.

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El foro Perú es una plataforma de reflexión e intercambio para conversar sobre las particularidades del arte contemporáneo y sus retos culturales y sociales, tanto en Perú como en el resto del mundo. Uno de los temas centrales será el Proyecto Especial Bicentenario, en el que se profundizará y reflexionará sobre los vínculos históricos y culturales entre ambos países, dos cientos años después de la independencia del virreinato.

Dieciséis exposiciones en Madrid

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Foto @EspacioFTef

Igual que en aquella ocasión España se expandió por esa región, ahora es Perú, la que se despliega en los principales museos y centros de arte de la capital, con 16 exposiciones diferentes. Fietta Jarque es la encargada de mostrar una amplia visión de la cultura plástica peruana, proponiendo un viaje que empieza hace miles de años y atraviesa diferentes épocas, lugares y plasticidades.

Una de las exposiciones más impresionantes, por su gran valor cultural, es Nasca. Buscando huellas en el desierto, en el Espacio Fundación Telefónica. Esta cultura, que todavía sigue siendo una desconocida, se desarrolló entre el 200 a.C. y el 650 en la árida costa sur del Perú. Se descubrió a inicios del siglo XX, por eso es una de las más fascinantes y enigmáticas de los Andes prehispánicos. Su llamativa cerámica, sus finos tejidos y los gigantescos geroglifos dibujados sobre las pampas son todavía centro de grandes debates. La exposición permanecerá abierta hasta el 19 de mayo y permite vivir la experiencia de volar sobre las líneas de los valles de Nasca y Palpa mediante un simulador 3D, y a través de grabaciones de instrumentos musicales de los nascas.

 


 

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Foto: @museoreinasofia

El Museo de Arte Reina Sofía prpone una nueva narrativa sobre las vanguardias latinoamericanas de los años veinte desde la perspectiva de la revista Amauta, creada y dirigida por José Carlos Mariátegui entre 1926 y 1930. Redes de vanguardia: Amauta y América Latina, que se podrá visitar hasta el 27 de mayo, sigue la trama de referencias que forjó esta publicación en el campo de la plástica y que definieron el contexto para debates artísticos sobre el indigenismo, la vanguardia, el antiimperialismo y los vínculos entre arte y política.

 


La historia más reciente del país, queda recogida en la videoinstalación Liminal, que propone Maya Watanabe. Un trabajo sobre las 600 fosas comunes no exhumadas y más de 16.000 personas que todavía siguen desparecidas, 20 años después de finalizado el conflicto armado peruano. Liminal, que puede verse en la Casa Encendida hasta el 31 de marzo, se sitúa en el momento de la exhumación, en el umbral de lo reconocible y los respetable, del no-sujeto y del sujeto reconocido, al que por fin se puede velar, permitiendo a los familiares iniciar el proceso del duelo.

 


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Foto web Matadero de Madrid

En Matadero de Madrid se puede ver Amazonías, una gran selección del Museo de Arte de Lima comisariada por Gredna Landolt y Sharon Lerner. Es un conjunto de obras de arte contemporáneo peruano y latinoamericano que facilitan la reflexión crítica en torno a distintos aspectos de este territorio sin fronteras definidas y que se ha convertido en una región de gran vitalidad cultural en los últimos años. Amazonías es una definición plural para una multiplicidad de visiones, que se organiza alrededor de cinco núcleos temáticos: la construcción de la idea de Amazonía, las visiones del cosmos, el territorio esquivo, lo urbano tropical y la memoria de la comunidad. La exposición recoge la obra de un creciente número de artistas indígenas contemporáneos que a través de sus tradiciones milenarias y de la mitología del lugar, reflexionan sobre la memoria social de sus comunidades.


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Estratos de un paisaje, de la Colección Jan Mulder Foto: Casa América

Casa América acoge la exposición fotográfica Estratos de un paisaje. El primer tercio del siglo XX fue un periodo de esplendor con nombres como Martín Chambi o los hermanos Vargas, estos en Arequipa y el primero en Cusco. Con sus instantáneas nutrieron el imaginario indigenista y la llegada de la modernidad a la burguesía urbana. Aunque la fotografía contemporánea peruana no se realizó hasta la década de los 70. En esos años se produjeron las grandes emigraciones de poblaciones hacia la capitqal, configurando un nuevo paisaje social, económico, político y cultural muy local. El paisaje humano y el paisaje urbano, se entrecruzan en estas obras, que pueden verse hasta el 27 de marzo.

 


Matrimonio de la Ñusta_Foto @museodelprado
Foto @museodelprado

En el Museo del Prado, han invitado hasta el 28 de abril a una obra. Se trata de El Matrimonio Ñusta procedente del Museo de Osma en Lima. El cuadro representa la ceremonia matrimonial de dos parejas, Martín García de Loyola con Beatriz Ñusta y Juan de Borja con Lorenza Ñusta de Loyola. Se trata de un extraordinario ejemplo de la pintura virreinal y no refleja un hecho real, puesto que las dos uniones se celebraron con cuarenta años de diferencia y en lugares alejados. Uno se celebró en la Península Ibérica y el otro en el andino virreinato del Perú. Dos santos presiden la idílica boda, Loyola y Borja, que otorgan un tono de solemnidad al lienzo.

 


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Foto: @Promperu

Perú aprovecha que su gastronomía es arte y ha presenta en Ifema, el primer espacio gastronómico que instala un país invitado. "Perú Lovers Gastro Lounge" ofrece durante estos días degustaciones de su rica gastronomía, catas de destilados -donde no podía faltar el pisco- exhibición de alimentos naturales de alto valor nutritivo, los denominados superfoods y un restaurante pop up. Cuando acabe la feria, y hasta el 17 de marzo han organizado Perú Restaurant & Art Week. Una actividad, con menús exclusivos a precios especiales, que no solo se quedará en Madrid, sino que también podrá degustarse en Barcelona y por primera vez en Valencia. Una buena manera de conocer de primera mano la riqueza de sabores de los platos peruanos elaborados por algunos de los chefs peruanos más internacionales. Incluso está previsto que los consumidores acompañen al cocinero durante todo el proceso de compre de los ingredientes en los mercados y cocinarlos juntos. Una manera de conocer sus propiedades, los lugares donde adquirirlos, y los trucos para cocinarlos.

Información práctica sobre todas las exposiciones y la presencia de Perú en ARCO

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Ángela Gonzalo del Moral   27.feb.2019 10:00    

Venezuela a través de su gastronomía

Brunch venezolano

Foto: Apartaco

Quizá no sea el mejor momento para viajar a Venezuela, pero no por eso podemos olvidar su gran riqueza gastronómica. influenciada por una cocina europea tan variada como la española, italiana o portuguesa, que llegó en tiempos de la conquista y con las oleadas de emigrantes. Igual ocurre con la influencia libanesa, a lo que hay que añadir sus raíces indias y la que aportaron los esclavos africanos.

Para hacer un recorrido por la geografía culinaria del país caribeño hemos pedido al cocinero venezolano, afincado en Madrid, Leonardo Araujo, que nos oriente por los más importantes platos de su país. Eso sí, nos advierte que aunque es una gastronomía poco conocida es contundente "y podéis volver con algún kilo de más".

Vuelvealavida - Foto wikipedia The Photographer
Foto wikipedia The Photographer

Algunos platos, nos dice Araujo, son nacionales, aunque difieren en la condimentación. Y nos confiesa que los nombres de los platos son muy creativos, como los rompecolchón, siete potencias o Vuelve a la vida, nombres que recibe un preparado de mariscos servido en frascos de vidrio por los vendedores ambulantes. Contiene camarones, almejas, calamares, vieiras, mejillones, cilantro, cebolla, ají dulce, pimienta y sal. Hasta cierto punto se parece al ceviche, y que aseguran que tiene propiedades afrodisíacas.

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Pabellón criollo Foto wikipedia

El más tradicional es el pabellón criollo, que representa -de forma imaginaria- a las tres culturas gastronómicas que han influido en el país. El arroz blanco (de la cocina europea), la carne mechada morena (que recuerda a los platos indígenas), y las carotas (como llaman a los frijoles negros), que representa la influencia africana. El pabellón criollo, acompañado de plátano maduro frito, es muy típico del centro y los llanos. Este último lleva queso blanco duro, ralladura de plátano y carne mechada de animales como el chigüire o lapa. En el centro del país, la carne se suele preparar con coco.

Otro plato típico es la torta de queso, siempre fresco y rallado, a la que se añade leche y vainilla. También podéis descubrir la Chalupa, una falsa lasaña de maíz gratinada con pollo guisado y queso de mano (porque se aplasta con la mano). Una especie de tamal con granos de maíz y choclo molido y cocidos en su propia hoja.

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Tabla llanera Foto: Apartaco

La tabla llanera, compuesta por diferentes carnes a la brasa, es muy común en muchos lugares del país. Suele llevar punta trasera o tapilla de ternera, medio pollo, yuca frita, chorizo, morcilla, butifarra, guasaca y arepas. Los Llanos se parecen a la pampa y por tanto es zona de reses y animales de caza. Por eso mismo se producen la mayor parte de quesos y derivados de la leche.

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Uno de los manjares del Oriente venezolano, es el pastel de chucho, con sus característicos contrastes de sabores y texturas, combinando lo dulce y los salado que le aportan el pescado desmenuzado y el queso rallado, junto al plátano maduro. El chucho es un pescado grande que pertenece a la familia del tiburón, muy parecido al cazón, que se consume en España. De hecho Paniagua, lo prepara con cazón, ya que es imposible exportar el chucho desde el Caribe. Este plato tiene una base de plátano macho maduro y salsa de papelón. En esta zona predominan los pescados de mar, mariscos y langostas.

En la capital, Caracas, es típico el asado negro, que es carne adobada con sal, pimienta y ajo polvoreado. Es típico el redondo de ternera asado en salsa a base de vino tinto y papelón, acompañado de arroz y tajadas.

Patacón
Foto wikipedia

En el Occidente y el estado de Zulia, en la zona del lago de Maracaibo la estrella es el Patacón, un tostón con cama de lechuga, pollo, bacon, huevo y salsa tártara raracucha. El patacón dulce, utiliza plátano maduro y queso blanco duro rallado. Otros platos de la zona son los pasteles de trigo frito, o arepas variadas, conocidas como tumbarrancho, sin olvidar la cazuela marinera, el escabeche costeño o los huevos chimbos y el arroz con palomitas.

Coctail de camarones en canastas de plátano
Coctail de camarones Foto: Apartaco

El Chivo en coco, es un estofado de cordero adobado con pimienta, ají dulce, curry. Esta receta es típica del estado Falcón, de nuevo en el Caribe. En esta zona podéis disfrutar de las playas de Paraguaná y del Parque Morrocoy, donde destaca el Golfo Triste, salpicado de de islotes y cayos, donde los submarinistas o amantes del snorkel podrán disfrutar de corales y peces multicolores, sin olvidar la isla de los pájaros o la piedra de la virgen. Para acceder a los cayos es mejor alquilar lanchas privadas o "peñeros", que utilizan los pescadores y suelen ser compartidas con otros pasajeros. Chichiriviche es un buen lugar para inicar el viaje. Otro lugar interesante es la ciudad colonial Santa Ana de Coro, declarada Patrimonio por la Unesco por sus famosas casas coloridas, como el balcón de los Aracaya, de color ocre, o los rojos de la casa de las 100 ventanas. Muy cerca están los médanos, unas dunas con vegetación.

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Las tres regiones venezolanas andinas son Trujillo, Mérida y Táchira. Uno de los platos más representativos es la Pisca andina, una especie de sancocho de gallina, también conocido como levantamuerto. En los Andes venezolanos , de mañanas frescas, aporta un calor reconfortante es una sopa muy sencilla y suave con cilantro, cebollín, trozos de huevo y leche. El mondongo es un plato adoptado y otras sopas suelen ser a base de granos como arvejas, caraotas o lentejas, sopas de pollo o de res. El mojo trujillano es una salsa elaborado con un producto lácteo acidificado, huevo y pimientos, que acompaña la carne asada.

Comida típica navideña Foto wikipedia Ricardo Juliao
Comida típica navideña Foto: wikipedia Ricardo Juliao

Si viajáis en Navidad, la comida típica que podéis disfrutar es la hallaca, un tamal típico venezolano, a base de masa de harina de maíz sazonada con caldo de gallina o pollo, con achiote, relleno de carne o pescado, en alguna región. Siempre envueltas en hojas de plátano rectangular, hervida y atadas con pita. Es una comida familiar, que debido a su complejidad se guarda para fiestas muy especiales. En los carnavales de Sucre, es habitual consumir los coloridos y dulzones turrones de coco, y en Semana Santa, aunque no tienen platos típicos para esa celebración religiosa, tienen la tradición de comer roscas de pascua, a las que se incorporan frutas escarchadas, y se suelen servir con chocolate caliente. También el majarete, una especie de flan, preparado con leche de coco, papelón, harina de maíz y toques de canela.

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Ángela Gonzalo del Moral   21.feb.2019 23:01    

Aranda de Duero, donde el lechazo marida con la historia

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En Aranda de Duero es posible encontrarse con la reina Isabel la Católica, paseando por las calles del casco antiguo. Puedes estar rezando o visitando la iglesia de Santa Maria la Real, y ver aparecer de pronto a esta figura histórica, tan ligada a la ciudad castellanoleonesa.  Isabelina es también la fachada de su portada gótica, construida por Simón de Colonia Durante una hora, aproximadamente, y junto a Carmen de Aranda la monarca rememora los días de infancia que vivió en esa localidad, cuando se celebró el Concilio de Aranda en 1473.

La reina castellana forma parte de la representación "callejera" organizada por el Teatro de la Bodega, que durante todos los fines de semana de verano realizan estas representaciones teatrales, mientras se pasea por el casco histórico de la ciudad. Carmen nos abre las puertas del tiempo y de la historia, convirtiéndose en el lazo de unión entre el pasado y el presente, igual que don Eulogio, al que encontramos momentáneamente mientras paseamos por la calle mayor. Él nos hace una advertencia, "hay que estar atento a los detalles". Durante la representación conoceremos a el Empecinado y a escritores célebres que también visitaron la ciudad burgalesa, como Pío Baroja, Hemingway, Alberti o García Lorca.

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Ya en el interior de la Bodega de las Caballerizas, dos personajes históricos enfrentan su ego ante los atónitos espectadores. Isabel de Castilla y Napoleón, a través del espectáculo organizado por el grupo artístico, descubren algunos detalles de la historia de Aranda, mientras los asistentes esperan a que se desvele "la vasija de barro más antigua del mundo que contuvo vino". Napoleón Bonaparte recuerda, no muy gratamente, cuando se hospedó en el palacio de los Berdugo, en 1808, mientras las tropas francesas intentaban conquistar la Península Ibérica. Las representaciones son gratuitas, pero hay que reservar entradas en la Oficina de Turismo, situada en la Plaza Mayor. Hasta el 26 de agosto, los sábados el horario es a las 11:30, 13h. 17.30 y 19h. Los domingos solo hay las dos representaciones de la mañana.

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Esta bodega fue hace siglos el lugar por el que entraban los carros para llevar el vino por los casi siete kilómetros de bodegas subterráneas que recorrían el subsuelo de la ciudad. Un complejo sistema de túneles que se construyó bajo las casas de los arandinos, destinadas a conservar el vino, aunque en algunos periodos de guerra sirvieron de refugio para la población. Algunas de ellas se mantienen desde el siglo XIII, y para acceder hay que bajar empinadas escaleras hasta llegar al entramado de pasadizos. En los restaurantes de la ciudad podéis visitar sus propias bodegas, también os las pueden enseñar los propietarios privados o el Museo Ribiértete , que explican la compleja construcción de estas estancias y el proceso que se sigue para elaborar un Ribera casero. Durante la visita se detalla como se mantienen los arcos fajones, pozos de desagüe, fresqueras, depósitos, pasillos y paredes de piedra.

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Se calcula que la "ciudad subterránea" llegó a tener más de 300 bodegas, de las que se conservan unas 135. El esfuerzo por conservarlas se ha visto premiado con la declaración de "Bien de Interés Cultural". Al parecer, esta sorprendente obra de ingeniería se desarrolló cuando los bodegueros intentaron evitar el pago de viña y construyeron estos almacenes. Como nos había advertido don Eulogio, hay que estar atentos a los detalles, y uno de ellos es descubrir en que viviendas tienen bodega. No es muy difícil porque hay muchas, pero si veis una rendija en el suelo y en el altillo de la puerta, estáis ante una de ellas. Son los respiraderos, que no solo mantienen las condiciones de temperatura y humedad, sino que facilitan la salida de gases tóxicos ligados a la maduración del vino. Estas instalaciones han estado siempre ligadas a la vida social de los vecinos, especialmente durante las fiestas cuando se reúnen las peñas. Es un buen momento para visitar la ciudad en todo su apogeo. Otro lugar de visita relacionado con el vino es el espacio museístico de la Bodega Las Ánimas dónde se explica la relación del vino con las tradiciones del lugar.

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Si no os gusta el jolgorio y a masificación de las fiestas  es interesante viajar en junio cuando se celebran las Jornadas del Lechazo Asado. Un tiempo en que se fusiona la historia, la gastronomía y el vino. Durante esos días nueve asadores ofrecen menús muy especiales a unos 38 euros incluido vino D.O. Ribera del Duero. Lo bueno para viajar a Aranda, es su cercanía a Madrid, Burgos o Bilbao. Una hora y media desde la capital, lo que permite pasar todo el día, o bien disfrutar de un fin de semana, alojándose en una casa rural y visitar otros municipios de los alrededores con varias opciones. Las Rutas Turísticas que la Asociación para el Fomento del Turismo de la Ribera del Duero ofrece un disfrute para los sentidos, con varias propuestas. Siente el Vino, para conocer las bodegas, pasear por sus viñedos y saborear sus caldo; Siente la Naturaleza, bosques mediterráneos, senderos, valles, campos de cultivo y el Parque Natural de las Hoces del río Riaza, refugio de aves rapaces; Siente la Historia, traslada al visitante a tiempos inmemoriales de vacceos, romanos y señores feudales; y finalmente, Siente Aranda de Duero.

El arte y la pericia del asador

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Leña de encina, un lechazo de primera calidad y un buen horno, son la base para disfrutar de un lechazo asado de Aranda de Duero, autoproclamada   -con razón-, la capital del lechazo castellano. A esa categoría añade la capital de comarca del Ribera de Duero. Hasta finales de junio, la ciudad burgalesa celebra las jornadas gastronómicas de este producto que le ha dado renombre en toda la geografía española. Por supuesto, se puede disfrutar en cualquier época del año, pero nueve maestros asadores se unen para degustarlo a 38€, durante este mes, coincidiendo con las XVIII jornadas gastronómicas. 

A su rica gastronomía, hay que añadir su patrimonio cultural y sus viñedos, para desarrollar los cinco sentidos. Aranda situada a poco más de una hora de Madrid y casi dos de Bilbao, es cada fin de semana un lugar de gran atractivo turístico-gastronómico. Disponer de poco tiempo no es ninguna excusa para escaparse durante unas horas a este rincón de Castilla y León.

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Los cocineros de la zona, aseguran que el lechazo, el asador y los embutidos de la zona, son el "sota, caballo y rey" de su gastronomía. Porque cada plato está acompañado de morcilla de Burgos o de Aranda (que añade  comino, pimienta negra y un punto de canela), escabechados, pimientos al horno, lechuga de Medina, pan de torta, quesos, aceites y los vinos. Otra característica de la morcilla de Aranda es que tiene dos cocciones, la primera se realiza antes del embute y la segunda después, motivo por el que aseguran que "repite menos". Si llegáis pronto a la ciudad, sobre las 11 de la mañana encienden los asadores, así que podréis conocer la técnica del asado. Os la explicarán encantados.

Los asadores que participan en las jornadas son nueve. Asador Casa FlorencioHotel Montermoso Aranda de DueroAsador El CiprésRestaurante AitanaAsador de ArandaEl 51 del SOLEl Lagar de IsillaMesón El Pastor y Mesón de la Villa. ¿En qué se diferencian uno de otro? En los entrantes, unos mantienen la tradición, que son los platos mencionados, y otros añaden mollejas de lechazo, croquetas con bechamel, chanfaina con huevo de codorniz y paté de lechazo, chorizo cocino al vino o carrilleras al chilindrón. Podíamos haber entrado en cualquiera de ellos, pero escogimos el Lagar de Isilla, a pocos pasos de la plaza mayor arandina. 

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Beatriz, gerente del restaurante, está liada, pero nos atiende personalmente y nos explica que es una empresa familiar de hoteleros que comenzó en 1995, manteniendo siempre el trato cercano con los comensales, fieles a la cultura y la gastronomía de la zona. Para ello maridan el lechazo con los vinos del Duero y la autóctona lechuga de Medina. Situada en la calle Isilla, que le da nombre, todo el menú está basado en el lechazo. Incluye entrantes en los que se pueden probar garbanzos con manitas de lechazo, ensalada de pierna de lechazo escabechada, lenguajes con pisto o brochetita de riñones con mahonesa de mostaza de Dijon. Por supuesto el plato principal, lechazo asado en horno de leña y de postre tarta de hojaldre con crema y nata. Y siguen improvisando nuevos platos a base de su producto más característico.

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Para acabar la jornada, un paseo por Aranda, nos llevará de nuevo a la iglesia de Santa María, donde por la mañana habíamos encontrado a Isabel la Católica, pero lo más importante es pasear por el casco histórico de la población, dónde se encuentra una copia del plano de la localidad realizado en 1503 y considerado el mapa urbano más antiguo de España. El original está en el Archivo General de Simancas. También se puede visitar la iglesia gótica de San Juan, convertida en museo sacro y el puente romano sobre el río Tenerías  situado junto a las Caballerizas. Antes de acabar el recorrido, visitad el santuario de San Pedro Regalado y la iglesia de San Nicolás de Bari.  Día completo para maridar lechazo e historia.

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Ángela Gonzalo del Moral    1.jul.2018 19:14    

El lechazo y el vino, grandes atractivos gastronómicos de Aranda de Duero

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Leña de encina, un lechazo de primera calidad y un buen horno, son la base para disfrutar de un lechazo asado de Aranda de Duero, autoproclamada -con razón, la capital del lechazo castellano. A esa categoría añade la capital de comarca del Ribera de Duero. Hasta finales de junio, la ciudad burgalesa celebra las jornadas gastronómicas de este producto que le ha dado renombre en toda la geografía española. Por supuesto, se puede disfrutar en cualquier época del año, pero nueve maestros asadores se unen para degustarlo a 38€, durante este mes, coincidiendo con las XVIII jornadas gastronómicas.

A su rica gastronomía, hay que añadir su patrimonio cultural y sus viñedos, para desarrollar los cinco sentidos. Aranda situada a poco más de una hora de Madrid y casi dos de Bilbao, es cada fin de semana un lugar de gran atractivo turístico-gastronómico. Disponer de poco tiempo no es ninguna excusa para escaparse durante unas horas a este rincón de Castilla-León.

Los cocineros de la zona, aseguran que el lechazo, el asador y los embutidos de la zona, son el "sota, caballo y rey" de su gastronomía. Porque cada plato está acompañado de morcilla de Burgos o de Aranda (que añade  comino, pimienta negra y un punto de canela), escabechados, pimientos al horno, lechuga de Medina, pan de torta, quesos, aceites y los vinos. Otra característica de la morcilla de Aranda es que tiene dos cocciones, la primera se realiza antes del embute y la segunda después, motivo por el que aseguran que "repite menos". 

Los asadores que participan son Asador Casa Florencio, Hotel Montermoso Aranda de Duero, Asador El Ciprés, Restaurante Aitana, Asador de Aranda, El 51 del SOL, El Lagar de Isilla, Mesón El Pastor y Mesón de la Villa. ¿En qué se diferencian uno de otro? En los entrantes, unos mantienen la tradición, que son los platos mencionados, y otros añaden mollejas de lechazo, croquetas con bechamel, chanfaina con huevo de codorniz y paté de lechazo, chorizo cocino al vino o carrilleras al chilindrón.

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Cada maestro asador atesora un gran bagaje culinario que le confiere identidad propia a su establecimiento, compaginando la tradición y la vanguardia culinaria. Por eso vale la pena visitar un asador, y si tenéis oportunidad ver cómo lo enciende y cómo asa el lechazo. Además también podéis llevaros un take away, cocinado en cualquier asador o incluso en las panaderías con horno, aunque en este caso lo más habitual es llevar el lechazo y esperar que os lo asen.... Tardan unas 3 horas. 

Hay dos excusas para poder viajar un día a la ciudad. O bien porque uno va a comer lechazo y aprovecha para visitar esta ciudad, con un rico patrimonio histórico; o decir que vas a ver Aranda de Duero y de paso comes un lechazo. Por una razón u otra, no tienes excusa para acercarte cualquier día del año. El etnoturismo se ha convertido en todo un eje de atracción económica para la ciudad y su comarca. 

Aranda de Duero y su patrimonio cultural

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Imposible concebir Aranda y sus alrededores, el área metropolitana como comentábamos estos días con una hostelera arandina, sin sus siete kilómetros de bodegas subterráneas medievales, declaradas Bien de Interés Cultural, y de monumentos históricos como la iglesia de Santa María la Real o el Puente Romano. Además hasta el 26 de agosto, los fines de semana se puede disfrutar del espectáculo "Teatro en la bodega" en la Bodega de la Caballeriza, que traslada al visitante por la historia de la ciudad burgalesa, en el que tienen un papel importante personajes como Isabel la Católica o Napoleón Bonaparte. Gastronomía, cultura e historia se unen en este viaje.

Una de las propuestas para recorrer la ciudad, comienza en la Plaza Mayor. Rodeada de bares, tiendas y comercios tradicionales nos permite conocer el casco antiguo, que según un plano rescatado de 1503 y conservado en Simancas, ha permanecido casi intacto desde la Edad Media, con la tradicional trama urbana de la época, callejuelas y plazoletas. De ahí nos dirigimos a la Iglesia Santa María la Real, un monumento de estilo gótico que alberga la pila bautismal del siglo XIII, donde bautizaron a Bernardo de Sandoval y Rojas, inquisidor general del Reino y mecenas de Cervantes. También se conserva un púlpito plateresco y el retablo romanista

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El puente romano, o Puente de las Tenerías, desde donde se disfruta de una panorámica del Duero, con diferentes colores según la época del año y que forma parte de la "senda del Duero". Y por supuesto sus famosas bodegas subterráneas que nos trasladan a la Edad Media. A lo largo de siete kilómetros, que recorren todo el casco histórico, se contabilizan unas 300 instalaciones, convirtiéndola en una ciudad subterránea. Fueron construidas entre los siglos XII y XVIII e ideadas para el reposo y la maduración del vino manteniendo unas condiciones ideales de temperatura y humedad. A través de pasadizos y escaleras, el viajero se envuelve en silencio y olor del vino, mientras se desmenuzan los secretos del tratamiento del vino a lo largo de la historia. 

Otros edificios son la iglesia de San Juan, del siglo XIV-XV, con sus características nueve arquivoltas y el retablo renacentista o el neoclásico del altar mayor, y que en 1473 acogió el concilio de Aranda. Actualmente se ha convertido en museo de arte sacro. También son interesantes las iglesias de San Pedro Regalado y San Nicolás de Bari, el Palacio de los Berdugo, visitado por el emperador francés y cerca encontramos la ciudadela románica de Clunia Sulpicia y el Monasterio de Santa María de la Vid. Además su semana Santa está catalogada como de interés turístico regional.

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Ángela Gonzalo del Moral   11.jun.2018 18:01    

Lleida celebra su popular fiesta del caracol a finales de mayo

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En 1980, hace casi 40 años, un grupo de leridanos comenzaron a encontrarse en la ribera del río Segre, para recordar una tradición de la huerta de Lleida, y organizar una caracolada.... Cuatro décadas más tarde, aquella idea local está a punto de ser reconocida como Fiesta de interés turístico internacional, y se calcula que tiene un impacto económico anual de 1.500.000 euros. Solo le falta el título, porque ya hace tiempo, que por el recinto de los Camps Elisis, que cada mayo se transforma en un restaurante popular, ruidoso y musical, llegan visitantes de otros países. Franceses, sobre todo, pero también ha llegado ya algún japonés y de otros países más cercanos.

L'"Aplec del caragol", ha mejorado con el tiempo. Empezó con unos toldos y poca gente y ahora se desarrolla en un recinto ferial y cuenta con unos 14.000 peñistas, y unos 200.000 visitantes, que comen unas 12 toneladas de caracoles. Su formato es un gran aforo al aire libre (excepto restaurante oficial que esta dentro de un edificio) donde los grupos se organizan en diferentes “colles”, con su espacio donde cocinan, beben, bailan, y disfrutan. Cada peña tiene un nombre, su uniforme y su emplazamiento cerrado donde solo se puede entrar por invitación. También hay unas áreas comunes donde se realizan diferentes actividades alrededor de la Fiesta, y en una de ellas se encuentra la  “Colla dels Forasters” (Peña de los Forasteros), que permiten a los foráneos participar de la comida y la algarabía.

Los actos lúdicos-festivos duran una semana, aunque la celebración gastronómica se centra en los tres días del fin de semana (viernes, sábado y domingo). Tanto éxito tiene que desde hace unos años además de la fiesta del cuarto fin de semana de mayo, se organiza un "aplequet" de otoño, a principios de octubre. En 2016 participaron unos 3.500 peñistas de 65 peñas.

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Hace 15 años fue declarada fiesta turística de interés nacional y desde entonces comenzó su expansión por otras ciudades españolas, a través del Caragol Tour (el Tour del caracol), que permite -al mismo tiempo- degustar un menú y promocionar la Escuela de Hostelería y Turismo de Lleida, cuyos alumnos elaboran nuevas recetas cada año. El tour llega a Madrid, Lloret, Zaragoza y Barcelona. El menú de este año constaba de unos aperitivos a base de paté de caracol con alioli de pera, "Cap i pota" con caracoles, Buñuelos de bacalao con caracol confitado y sal negra, Croquetas de caracol. En los entrantes se podía degustar "llauna" de caracoles a la gormanda y cazuela de caracoles dulces y picantes.

Los platos principales que prepararon los alumnos de la Escuela era "Trinxat" de col con morcilla, caracoles y toques de cremoso de patata y Bacalao con caracoles, para acabar con postre de pera leridana "Bella Helena" con salsa especiada de chocolate. Todo ello regado con vinos leridanos como Raimat Molí Cabernet Sauvignon, Cava brut nature Rabetllat i Vidal y Ratafia l'Aplec (el licor oficial de esta fiesta popular a base de nueces y peras de Lleida).

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Foto web Aplec

No es tan selectiva la comida que preparan las peñas, aunque durante tres días cocinan los caracoles en varios estilos, el más autóctono es  a la llauna , donde los animales ayunados se colocan sobre una plancha metálica con asas, dispuesta sobre una brasa, de uno en uno y boca arriba. Una vez cocinados, se extraen de la concha con un punzón de madera, un poco más largo que los habituales palillos, y se mojan en alioli –una salsa hecha a mano con el mortero con aceite y ajo– que, junto a la vinagreta, son las salsas más populares. Las otras dos variedades más populares son a la gormanda, o la brutesca (a lo sucio). Estas son las tres especialidades más arraigadas entre las collas y peñas. Unos platos que también pueden degustar los foráneos, ya que aunque no se pertenezca a ninguna peña, hay servicios para que los visitantes se sientan integrados en el jolgorio.

De hecho hay paquetes turísticos que incluyen viaje, hotel y comida durante uno o varios días. Además l'Aplec no solo es una fiesta gastronómica, también hay actividades culturales y deportivas, marcadas siempre por el humor y relacionadas con el animal que da nombre a la "romería", en las que se incluye teatro, juergas "carrinclonas", pasacalles, la trotacaracol (una carrera solidaria con un recorrido en forma de caracol), festivales infantiles, un concurso internacional de humor o importantes espectáculos musicales.El caracol es un símbolo ancestral de la cocina tradicional de Lleida. Rodeados de huerta y frutales, los leridanos han convertido al caracol en protagonista absoluto de la mesa. Por ello, lejos de estar un poco en desuso o reservado a los turistas, es un plato habitual en las cartas de los restaurantes de la ciudad y está entrando con fuerza como elemento indispensable de la cocina de autor y para las nuevas tendencias gastronómicas.

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Aquella celebración que comenzó hace casi cuatro décadas con 300 personas y unas doce peñas, con el objetivo puesto en la gastronomía combinada con la diversión, el entretenimiento y el humor, reúne hoy en día a tres generaciones. Abuelos, hijos y nietos, esperan que en 2019, coincidiendo con el 40 aniversario, les reconozcan la declaración de Fiesta de Interés Internacional.

@angelaGonzaloM
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Ángela Gonzalo del Moral   12.abr.2018 00:48    

Cali se mueve a ritmo de salsa

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 La música es su idioma y la salsa su manera de hablarlo, de expresarse. En Cali, el ritmo es una devoción, con un centenar de escuelas de salsa, festivales y grupos musicales dedicados a crear el universo visual y sonoro, de la capital del Valle del Cauca.

Esta ciudad colombiana es una de las más antiguas de América del Sur, pero los terremotos, y el abandono, causado por la violencia la han dejado con muy poco patrimonio arquitectónico. Eso no ha sido problema para que muestre su gran riqueza musical. La mayoría de visitantes se sienten atraídos por sus propuestas musicales.... y la posibilidad de aprender o mejorar sus conocimientos de la gran especialidad artística, de la capital del Pacífico colombiano.

Cada año organizan un Festival Mundial. En el último participaron 3.000 bailarines, que se movían al ritmo marcado por orquestas nacionales e internacionales. Por cierto, ganaron unos argentinos, en un certamen que puntúa la coreografía, la limpieza de la ejecución de cada paso o la interpretación y la presencia escénica.

En la capital del Valle del Cauca, se rumbea por la noche, y especialmente el fin de semana. Para no perderme nada me he buscado un guía especial... Ricardo Hincapié.... editor de la revista cultural Mapping Colombia. "Cali vibra en la noche, es una ciudad muy viva y se puede encontrar muchos lugares para aprender a bailar, en cada esquina suena la salsa y se baila delicioso". Lo mejor es pedir información al lugar donde os alojéis.

 

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Empezamos el recorrido en la plaza Jairo Varela. Un trombón y una trompeta, homenajean al compositor del grupo caleño Niche, autor del conocido himno local, "Cali Pachanguero"Llevan tanto ritmo en el cuerpo, que cerca de la plaza Varela, están unos grandes almacenes, de nombre "Chipichapa".... Chipi-Chapa.... sí el sonido el tren, por que allí estaban los antiguos talleres y bodegas de la carrilera, que transportaba el café hasta el puerto de Buenaventura en el Pacífico. Además de Jairo Varela, otra de las figuras salseras más queridas en la capital vallecaucana es Amparo Arrebato, era la reina de este ritmo. 

Cali es danza, es movimiento. Ricardo me explica que hay "nichos culturales alrededor de la salsa y hay maneras distintas de vivir la salsa en diferentes barrios". En el recorrido me cuenta algunos secretos  como "la salsa del barrio obrero, muy popular, que conectaba la ciudad con el río Cauca, desde donde se hacía el transporte por todo el país con barcos de vapor. Toda la música del mundo llegaba desde el Pacífico a ese barrio, ellos hacían el filtro y tras la selección, enviaban en los barcos al mundo la música que les sobraba".

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Las músicas de los 80 las encontramos en la zona de la Alameda, "con despliegues muy lujosos donde van los más adinerados, pero que siguen siendo salseros y quieren disfrutar la salsa", y luego nos acercamos al Menga, donde hay grandes espacios con capacidad para centenares de personas. "Son maneras muy distintas de vivir la salsa", me explica Ricardo Hincapié.

En los años 90, se instauró la ley zanahoria.... En aquella época se bailaba hasta las seis de la madrugada, pero empezaron los problemas de seguridad ciudadana, a causa del alcohol, y los establecimientos tuvieron que cerrar a las tres, de esta manera las autoridades aseguraban que todos llegaban tranquilos y sanos a su casa.... de ahí la ley sanahoria, que dirían los caleños.

Cali no sería lo que es hoy en día sin Juanchito, una zona de muchas discotecas, muy de moda hace unas décadas. "…Del puente para allá Juanchito, del puente para acá está Cali.… Y en el medio de los dos, pasa el Cauca", decía la canción popularizada por el grupo Niche. El que no iba allí, era como si no hubiera estado en la ciudad. Con la construcción de nuevas salas de baile en el centro, ya no tenían que cruzar el río Cauca para llegar a aquel lugar tan alejado. Más tarde, unas inundaciones, destrozaron algunos de los locales más populares, que ya no se recuperaron, empezando su decadencia.

A parte de las decenas de discotecas modernas y restaurantes con música en directo, existen las Viejotecas, espacios destinados para que los adultos mayores, bailen salsa... Pónganse la guayabera y cálcense sus zapatos de charol...., vuelvan al viejo Cali y acérquense a la viejoteka del parque del Avión o de Pardo Llada.

El súmmum de la salsa en esta ciudad se llama "Delirio", la catedral de la música, con más de 12 años de historia y que ha posicionado a la ciudad como destino cultural y musical. Casi 700 personas integran el colectivo artístico y de producción. Hasta 2009, tenían un aforo para 600 espectadores, ahora caben 1.600 que pueden degustar una cena mientras disfrutan viendo a los bailarines mover las caderas de forma trepidante. El último espectáculo es "Hechizo", un relato inspirado en la leyenda de la viuda negra que por desamor enloquece y va de fiesta en fieta seduciendo a caballeros.... Cuesta unos 50 euros y las representaciones son en sábados alternativos.

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Incluso los poetas cantaron a su ciudad y a la región. De ahí el nombre del Parque de los poetas, como Jorge Isaacs, autor de una de las obras más conocidas de Colombia "María", una auténtica telenovela del siglo XIX, al que acompañan las estatuas de Ricardo Nieto, Carlos Villafañe, Antonio Llanos y Octavio Gamboa. También tienen el museo de la tertulia, construido en 1956, cuando la ciudad era un epicentro de agitación política y creativa.

Tres montañas la vigilan, y permiten observarla desde la altura, por algo Cali, tiene el sobrenombre de la sucursal del cielo. A casi 9 kilómetros, en el cerro los Cristales, está la impresionante escultura de Cristo Rey, abrazando la ciudad. Más cerca del centro está la figura del español Sebastián de Belalcazar, quien la bautizó con el nombre de Santiago de Cali. El conquistador señala con el brazo derecho, la salida al Pacífico, mientras gira la cabeza para vigilar a la ciudad. Artistas y músicos se dan cita a sus pies los días de fiesta. El cerro de las tres cruces, es el preferido de los corredores que suben cada mañana hasta la cima. Una buena excusa para tomarse un jugo a la llegada, antes de regresar.

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Dicen que el caleño se caracteriza por una vida frenética y una eterna sonrisa. Lo puedo corroborar. Su sentido del humor, llama la atención. Mientras sueñan con la construcción del metro, llaman el Mío al transporte público. Te explican que en los años 90, se utilizaban autobuses con colores distintivos de cada línea. No debían de ser muy puntuales, así que mientras guardaban cola, los usuarios hablaban entre ellos, y cuando veían aparecer su autobús decían "ahí está el mío, mañana seguimos hablando, y el otro respondía, "pues el mío está como demorado, no?". Así que si queréis agarrar un bus, preguntar por el Mío.

Quizá ese sentido del humor es lo que ahora se denomina resiliencia, la capacidad de sobrevivir a las dificultades. La ciudad ha superado sus negras décadas marcadas por la violencia extrema de la guerrilla y el narcotráfico de los años 80 y 90, cuando las bandas de sicarios y pandillas atemorizaban a los caleños. Una experiencia que les hace ser optimistas ante el nuevo proceso político que vive el país tras el Acuerdo de Paz.

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Otro de los monumentos emblemáticos de la ciudad es el Gato del Río, una escultura de 3 toneladas, obra de Hernando Tejada. Instalado cerca del río, como símbolo de civismo y limpieza, años más tarde de su instalación, la Cámara de Comercio inició una sorprendente iniciativa. Buscarle novia, para que no estuviera tan solo. Abrieron un concurso en el que llamaron a artistas de renombre para que hicieran una escultura, a partir de un mismo molde, y como les gustaron todas, no hubo ganadora, así que las instalaron a lo largo del Bulevard del Río. Sus nombres son de lo más variopinto: Cálida, Melosa, Fogata, Yara, Ilustrada, Entrañable, Gachuza o Superestrella. 

El gato es el animal con el que más se identifican los caleños, porque aseguran que lo que más les gusta es la noche... para poderla disfrutar bailando. 

Gastronomía caucana

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Tierra de caña de azúcar, tiene una gran multiculturalidad gastronómica, donde se mezclan las cocinas tradicionales indígenas, paisa, europeas y africanas. el plato más famoso es el Sancocho de gallina, una especie de cocido, cocinado con leña, que lleva pollo de granja y carne de cerdo, acompañado con yuca plátano, cimarrón, y cilantro. Queda verdoso, no amarillo como el de otros lugares de Colombia. Tampoco puede faltar en el menú el chontaduro, una fruta muy típica que se puede comer salado, obviamente si se le pone sal, o dulce, en este caso le ponen miel. Dicen que el chontaduro es afrodisiaco... aunque todo es cuestión de probarlo. 

También es tradicional de la zona, el arroz atollado, con longaniza, cerdo y papa amarilla; el pandebono, hecho con harina de yuca y queso; la sopa de tortilla de maíz; las marranitas a base de plátano verde triturado y envuelto en chicharón tostado o la casadilla, una galleta hecha con panela, queso y almidón. Entre las bebidas destaca la lulada, que lleva lulo machacado con azúcar. El champús, también utiliza el lulo, piña, panela, canela, clavos y hojas de naranjo y el cholado, que es un refresco de hielo triturado, frutas picadas y leche condensada. Dulce, como la amabilidad de la gente de esta tierra.

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Ángela Gonzalo del Moral   21.feb.2018 09:43    

Villena, 365 días de fiestas para todos los gustos

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© David Campos

A la salida de uno de los túneles de la carretera A-31 se divisa la torre del castillo de Villena, un emblema de la ciudad. De ahí el sobrenombre de "Villena, fortaleza mediterránea". Pero bajo esa imponente arquitectura medieval, se esconden dos grandes tesoros: uno es de oro, el otro la creatividad cultural de sus entidades. Este municipio de la provincia de Alicante, situado en la comarca del Alto Vinalopó celebra casi cada fin de semana alguna actividad lúdica, las dos más importantes, la fiesta de moros y cristianos (del 4 al 9 de septiembre) y la del Medievo (del 9 al 11 de marzo). A lo que hay que añadir una gastronomía contundente, como el gazpacho, que se cocina con carne, y los excelentes vinos de la zona, liderado por el fondillón, un caldo dulce que se obtiene de la sobremaduración de la uva monastrell en la cepa.

Riqueza histórica

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Foto Wikipedia

El castillo de la Atalaya, es una fortaleza del siglo XII, que se yergue sobre la ciudad para defenderla, una muestra del mestizaje moro-cristiano. En 1931 ya se reconoció su valor artístico y actualmente está clasificado como Bién de Interés Cultural. La ciudad comenzó a desarrollarse alrededor del castillo, en las faldas de la Sierra de la Villa, con sus calles empinadas y sus manzanas irregulares. Luego se desplazó hacia la zona más llana y a partir del siglo XVIII se constituye como una población alargada que asciende por un cerro dominado por a torre del homenaje.

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Foto: Turismo de Villena

Villena tiene un tesoro artístico. En el invierno de 1963, fortuitamente se encontró un brazalete de oro de medio kilo, mezclado entre las arenas de una obra. Tras realizar algunas excavaciones en la zona cercana a la Rambla del Panadero, se encontró enterrada en un hoyo una vasija que contenía sesenta piezas de oro de 23,5 quilates, en su mayoría cuencos, brazaletes, anillos, y colgantes. Casi 10 kilos de oro y más de seiscientos gramos de plata, con una antigüedad de 3.000 años. No se sabe si pudo pertenecer a algún jerarca que lo ocultó, si pertenecían a una rica familia, si era una dote femenina o si pertenecía a algún orfebre. Unos meses más tarde, también de forma casual, se halló el tesorillo de cabezo redondo, formado por 35 piezas de oro, que formaba parte de un ajuar personal. Esos hallazgos confirman la presencia de un colectivo humano con un alto grado de refinamiento en plena Edad de bronce, que actualmente se pueden ver en el Museo Arqueológica José María Soler.

Riqueza cultural en sus fiestas 

La más famosa de sus fiestas es la de moros y cristianos, que se celebran desde 1476, que empezaron siendo unas fomerías y procesiones cristianas, para convertirse a partir de 1845 en una celebración multicultural. Ya se habla de ella a nivel nacional en 1849. Actualmente participan más de 10.000 personas. Una explosción de júbilo, colorido y música, donde destaca la Entrada y La Cabalgata, donde durante 7 horas se desfila en bloque al paso marcado por unas 100 bandas de música. Los alféreces son los encargados de ondear las banderas en el ruedo de banderas, mientras se disparan salvas de arcabucería que tiene su origen en las milicias del siglo XVI. Luego llegan las Embajadas y Guerrillas, representadas en el Castillo de la Atalaya, siguiendo textos escritos a principios del siglo XIX. La fortaleza es conquistada primero por los moros y más tarde por los cristianos. Existen catorce comparsas, la mitad de cada bando.

Le sigue en colorido, espectacularidad y creatividad, las Fiestas del Medievo, que este año se celebran del 9 al 11 de marzo, una idea que surgió hace 17 años de los propios vecinos que viven junto al castillo, en la zona de los arrabales. Ellos son los encargados de engalanar las calles del centro histórico, para transformarlo en una villa medieval, donde se celebran bodas de la época, una procesión de antorchas, la batalla de las lechugas, conocida como la lechugina. Se celebran durante tres días y por supuesto no faltan los combates ni el mercado medieval.

La imagen puede contener: una o varias personas y multitud

Pero no todas las celebraciones culturales dirigen la mirada al pasado. Los jóvenes también tiene sus momentos con el Festival leyendas del rock, en agosto, con más de 60 bandas nacionales e internacionales, donde no falta el heavy metal. Otro acontecimiento musical de ese mes es el Festival Rabolagartija, que fusiona otros estilos como hip hop, rock, pung y reggae o el Rabalfest, en el mes de octubre que aúna la tradición española de la vendimina y la alemana de la cerveza, coincidiendo con la Oktoberfest.

La riqueza gastronómica de Villena

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Foto Turismo Villena

El Fondillón es un tipo de vino de Alicante único en el mundo, reconocido por la Unión Europea en su base de datos E-bachus y tiene una especial protección dentro de la Denominación de Origen de Alicante. El largo verano y la poca humedad y limpieza del ambiente, permiten sobremadurar la uva monastrell, en la cepa entre octubre y noviembre. Eso hace que su fermentación sea biológica y que el alcohol proceda exclusivamente de la uva. El envejecimiento del producto se realiza de forma tradicional por el sistema de soleras. Siempre estuvo presente en la literatura, en historias de leyendas o en las mesas de casas reales, como Fernando el Católico, Felipe II o Luis XIV. Sin ir a esas épocas, hace poco el portal buscador de vinos más importante del mundo, elegió "El Sequé 2014", como el mejor vino por su relación calidad-precio, destacando sus calidades de vino potente, balsámico, con marcados matices de frutos negros, sazonados aromas y sabores y olores procedentes de plantas aromáticas y sotobosque.

La ciudad participa también activamente de la cultura del vino, y tiene como máximo exponencial Enotur, y forma parte de la ruta del vino de Alicante. En 2016, la Asociación Española de Ciudades del Vino, otorgó a Villena la mención especial de mejor municipio enoturístico del país. Enotur se celebra durante 10 días, del 17 al 25 de febrero. Fruto de su tradición vinícola, y de su rico catálogo de vinos, Villena forma parte de la ruta del modernismo en el Vinalopó, construcciones que se levantaron para construir varias bodegas. De las nueve bodegas que existen actualmente, se puden visitar cuatro.

La huerta de Villena enriquece su gastronomía, mezclando tradiciones culinarias mediterránea y manchega, que producen platos como el gazpacho villenero, el arroz empedrado, las pelotas de relleno o el "Triguico Picao", la deliciosa Gachamiga, o el Zarangollo. sus productos más auténticos son zanahorias, espinacas, coles o lechugas, a demás de frutas como las ciruelas, cerezas, peras o manzanas. En reposterían los productos típicos son los sequillos, rollicos de vino, almendrados y toñas y aguardientes como el Kataki y el Cantueso.

Una visita por la ciudad

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Foto Facebook Marca Villena

La plaza mayor, es el eje que une a las dos ciudades, la parte antigua y la moderna. Algunas zonas no son fáciles, ya que en las proximidades del castillo, las calles son empinadas. Si paseamos por el casco antiguo encontramos la plaza de las Malvas, con la casa-palacio de la familia Mergelina, construida a finales del siglo XVII o la Plaza de Santiago, que fue el centro de la antigua población cristiana, actualmente una zona de interés cultural, social, religioso, esparcimiento y de ocio. En sus calles encontramos numerosas iglesias como la de Santa María y Arcedianal de Santiago, o ya a las afueras las ermitas de San José y San Antón, del siglo XVI, o las iglesias de Santa María y Arcedianal de Santiago. A los pies del castillo encontramos las casas cueva tuareg. El modernismo lo encontramos en la sede de la comparsa de Labradores, la casa Rocher o el Palacio Selva. Forman parte de la ruta Villena modernista, a la que hay que añadir "la ruta de las tres culturas" o "la ruta de los relojes de sol".

En los alrededores de la ciudad encontramos entornos naturales como Sierra Salinas, Sierra la Viña, Peña Rubia o el Morrón, lo que facilita poder realizar 10 rutas señalizadas a pie o en bicicleta, formando parte de una red de los caminos de Santiago, el camino del Cid y la Vía Verde del Chicharra, que atraviesan el yacimiento arqueológico del Cabezo Redondo, la antigua Laguna de Villena y sus Salers o los Hornos de Yeso. Además se puede practicar escalada, circuitos de orientación, parapente, o las vías ferratas. Y este año lanzan la Birding, una serie de rutas ornitológicas.

Sigamos camino a las playas alicantinas o de regreso hacia el centro de la península, por el retrovisor podremos ir despidiéndonos de la atalaya de Villena, y seguro que pensáis que no puede ser que una ciudad con 35.000 habitantes pueda guardar esa riqueza cultural. Seguro que ya no la veréis nunca igual.

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Ángela Gonzalo del Moral    7.feb.2018 11:16    

Gastronomía de altos vuelos, a 10.000 metros de altura

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Hace unos minutos que el avión de Iberia Express ha despegado de cualquier aeropuerto, en dirección a un destino concreto. Es la hora de desayunar, comer o cenar y aparece el personal de vuelo de la aerolínea para ofrecer el servicio de catering. Eso tan habitual y que parece la cosa más normal del mundo, tiene detrás una gran operación de logística. Tanto si vamos a comernos un sencillo bocadillo, un tentempié, o si preferimos platos más sofisticados, todo está estudiado hasta el último detalle. A qué temperatura deben cocinar una tortilla, la  carne debe agradar a todos, la pasta estar suficientemente bien como para que no quede dura o demasiado blanda…. aunque tampoco se puede pedir que esté al dente, como exigiríamos en un restaurante. Y sobre todo, los alimentos deben cumplir una estricta normativa sanitaria.

Todos los productos que consumimos a bordo de un avión se han elaborado horas antes de que nos los sirvan. Hoy la compañía aérea se ha unido a la novena edición de Gastrofestival de Madrid, con una degustación especial de los menús y productos que se ofrecen a bordo, mostrando la calidad de la oferta y la variedad de opciones disponibles durante el vuelo. Porque a fin de cuentas, un viajero pide un bocadillo frío, otro uno caliente y el de la tercera fila tiene problemas de alergia con un determinado producto…. Todo eso tiene que estar previsto a bordo. La compañía española no ofrece menús en vuelos de menos de una hora… Imposible servir un vuelo con cien personas en ese tiempo, pero sí en trayectos de más de dos horas, cuando el pasajero puede aprovechar para relajarse de la tensión de pasar los controles de seguridad, el embarque y demás problemas asociados con el vuelo. Es entonces cuando muchos usuarios deciden pasar un rato comiendo, bien porque no van a tener tiempo para hacerlo después, o por romper la monotonía del viaje.

En el vuelo en tierra que se ha realizado en Madrid, ha presentado una degustación muy especial de sus productos a bordo, tanto de la carta menú, como de Business. No vamos a llevar a nadie a engaño, como todos los que viajamos en clase turista, los segundos eran muy diferentes a la carta menú… y en honor a la verdad, estaban buenos los dos. Aunque no lo parezca, uno de los retos, es que convivan en buena sintonía los dos servicios.

Luis Bonastre, el chef del Grupo Iberia ha presentado distintas propuestas culinarias disponibles en los vuelos  en la compañía organizadora del evento, y ha detallado todos los requisitos que se exigen para diseñar y cocinar platos frescos, que serán consumidos posteriormente, a 33.000 pies de altura, es decir a 10 kilómetros de altitud. En primer lugar, y como es lógico, la comida no se elabora en el avión, sino en unos establecimientos habilitados para ello, con lo que los responsables de cocinarlos tienen que dejarlo preparado para consumir, que no pierda el sabor, y que se pueda calentar en el interior del aparato, cumpliendo con estrictas normas de seguridad alimentaria.

Está claro que el servicio de catering aéreo no puede volver a la cocina porque se ha olvidado un producto, o porque no ha tenido en cuenta la tipología de los viajeros. Así que tienen que prever que en un mismo vuelo pueden viajar turistas low cost, que van a gastar poco o nada; otros van a priorizar servicios de calidad añadidos; hay que tener en cuenta las edades de los viajeros, si viajan en familia o en grupo, o aquellos que prefieren una delicatessen. Ante esta situación, y con las puertas cerradas del avión, es fundamental haber escogido bien el menú. Para eso es importante cotejar las necesidades y hábitos de las personas que viajan a bordo, a veces tan simples, como las percepciones de la tripulación, y otras mediante encuestas. Luis, chef de Gategroup, nos ha explicado que suelen elaborar unas 900 tortillas diarias (siempre con huevina) y se preparan unas 35.000 bandejas de menú. En sus cocinas en tierra trabajan un millar de personas y es fundamental respetar la trazabilidad de todos los productos, especialmente los cocinados.

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El menú preparado para hoy era un desayuno de Business y ensalada de cuscús, teniendo en cuenta opciones vegetarianas. El segundo plato estaba compuesto de una selección de pastas y un revuelto de morcilla, una opción que solo se ofrece en la “clase vip”, también se ha ofrecido codillo y una hamburguesa especial, a las que han seguido los postres, disponibles en clase Business. Para concluir la degustación hemos disfrutado de un gin tonic elaborado con ginebra Gin Mare, una de las opciones disponibles en la carta menú de la aerolínea, una muestra de que también se ofrecen algunas de las mejores marcas a los pasajeros. He constatado que estaba disponible en el menú de turista de la Gastroteca express (a 10,5€).

Y por lo que hemos comprobado, no es tan fácil hacer menús. Bien, para Luis Bonastre, no es demasiado complicado, porque lleva más de 11 años trabajando en este sector de la alimentación aérea. Porque, como decía antes, hay que tener en cuenta, que algunos pasajeros no van a gastar nada en comida, otros preferirán darse un pequeño lujo, aprovechando que ya han comenzado vacaciones o que están en viaje de negocios (y paga la empresa), unos viajan en familia y hay que ofrecer menús para menores, o hay personas mayores que ingieren otro tipo de alimentos.

En definitiva hoy hemos realizado un “vuelo de los sentidos”, como explicaba Paloma Cabañas, gerente de clientes de la filial de Iberia, porque “la gastronomía es un atributo muy bien valorado por nuestros clientes y una buena oferta culinaria aporta un valor añadido al pasajero, e incluso muchas veces es un aspecto decisivo, por eso incluimos productos de calidad, saludables y equilibrados que se adapten a todos y que mejoren su experiencia”. No existe ninguna duda de que hay gustos para todos… incluso a 10.000 metros de altura.

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Ángela Gonzalo del Moral    2.feb.2018 20:36    

El turismo gastronómico, ofrece nuevas experiencias viajeras

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Viajar a un lugar concreto supone algo más que conocer sus monumentos, su cultura y sus tradiciones. La gastronomía permite al viajero adentrarse en lo más íntimo de los pueblos, compartir con la gente los olores, gustos y sabores que han conformado su cultura culinaria durante siglos, conocer los productos de la tierra que han ido configurando una cocina autóctona y particular.
 
Detrás de una pata de jabugo, hay un porquero, detrás de un queso roquefort un pastor, detrás de un marmitako un pescador.... un cocinero.... y detrás de cada plato hay una historia. En la población guipuzcoana de Zumaia, recopilan informaciones sobre el pulpo típico de esa población.... En esos documentos se menciona la punta Mariantón, donde en el siglo XVI se produjo el accidente de una niña que cogía lapas y pulpos... y se la llevó el mar.  Eso demuestra que cualquier detalle sirve para documentar todos los detalles que envuelven a un producto tradicional de una población por más pequeña que sea.
 
Igual que se rehabilitan castillos, palacios, jardínes, para atraer a turistas, rescatar la memoria culinaria, sirve para readaptar platos locales, que en sus inicios sirvieron pudieron servir para calmar el hambre, y que en algunos casos se han convertido en delicatessen
 
 
Recuperar la gastronomía autóctona es, según Yolanda Perdomo directora del programa de miembros afiliados de la OMT, "una forma de enriquecer una cultura....  y refuerza la identidad de un colectivo, crea un sentido de orgullo en las comunidades locales que descubren la autenticidad y la importancia de su cocina".
 
Todos desayunamos, comemos y cenamos.... también, por supuesto, cuando viajamos. Una parte importante del gasto del viaje va destinado a la comida.  Así que el turismo y la gastronomía están muy unidos. Desde hace un tiempo ya se habla de turismo gastronómico, y según un reciente estudio presentado por Madison, se ha convertido en la tercera razón de iniciar un viaje, por detrás del interés y la curiosidad por la cultura y la naturaleza, los dos grandes motores de esta industria, que supone ya el 10% del PIB mundial y da empleo a uno de cada 11 trabajadores en el mundo. José Francisco Rodríguez, director RSC de Madison señala que "la gastronomía es mucho más que cultura y puede tener un fuerte impacto económico en el destino".
 
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Cada vez hay más personas que prefieren vivir experiencias locales en vez de visitar solo monumentos. En este campo la gastronomía se ha convertido en un valor añadido que diferencia los destinos. Para ello no es necesario ir a un restaurante con estrella Michelin. Basta con saborear los platos típicos de una región, entrar en contacto con cocineros y productores, y a ellos les sirve para descubrir su potencial, como explicaba Joxe Mari Aizega, director del Basque Culinary Center, en el Tercer Foro de turismo gastronómico sostenible organizado por la OMT en San Sebastián. "No solo beneficia al turista, sino que sirve para desarrollar parte de la economía local, porque cada territorio comienza a pensar, qué despensa tenemos para poder ofrecérsela, no sólo eso, sino que descubre la biodiversidad alimentaria de su zona y a partir de ahí se pregunta qué productos tenemos, cuales podemos valorizar, qué alimentos podemos producir porque los restaurante los quieren introducir en sus menús y esa es nuestra demanda. Todo esto es un recorrido, que supone una forma de crear riqueza en el territorio".
 
Un estudio del BCC constata que el 38% de los viajeros que llegan a San Sebastián, van motivados por su cocina. Nekarne es guía gastronómica y hace tiempo que presenta rutas por Gipúzcoa a turistas nacionales y extranjeros. Para ella es importante que productores y guías "transmitan la emoción, la sensación, las vivencias de lo local. Si consigues transmitir eso, se llevan a alguien que es un amigo, y el amigo al final hace que vuelvas. Eso ocurre en todos los países, yo cuando viajo y encuentro a una persona que sabe orientarme, se convierte en el referente y el embajador de ese lugar. Yo creo que todos los guías nos sentimos embajadores de nuestra zona y del territorio".
 
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Tampoco se crean que para comer un plato típico es necesario viajar al lugar donde tradicionalmente se cocina ese producto. "Yo la mejor quesadilla la he comido en Nueva York cocinada por un chino" y lo dice un chef ecuatoriano. En Madrid se pueden comer unos excelentes tacos, un buen sushi en Londres o una buena pizza en Canadá. Para Héctor Tapia, de la Asociación de Chef del Ecuador en Europa, los emigrantes se han convertido en unos excelentes transmisores de cultura culinaria. "El hecho de que puedan vender su comida, implica que también tienen un valor agregado, y no son competencia para los demás. Generan una diversidad, como puede ocurrir en Londres, por poner un ejemplo, o en todas las grandes capitales, donde con la multiculturalidad que aportan los emigrantes, permiten generar ese atractivo de ciudad".
 
También los hoteles se convierten también en promotores gastronómicos. Ramón Estalella, secretario General de ITH, (Instituto Tecnológico Hotelero), cree que aportan algo más "porque cuando un turista regresa a su ciudad, cualquier producto que vea en un supermercado, le sirve para rememorar su viaje. Y eso puede ser el motivo de su compra, incluso llegar a ser más decisivo que solo la calidad del producto".
 
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Si nombramos Perú, uno de los países que más en valor ha puesto su gastronomía, pensamos en el ceviche y si es bebida en el pisco souer. La tortilla de patatas o la paella en España, los tacos mexicanos, Pollo tandori de la India, spaguettis italianos, sushi de Japón, el roast beef inglés, la bullabesa de Masella, , el falafel de los países árabes, el tajine de Marruecos, el curanto de Chile, la feijoada brasileña, Mofongo de Puerto Rico, el snert holandés... Todas los pueblos por pequeños que sean tienen un plato autóctono, para ofrecer al visitante y provocarle nuevas experiencias sensoriales.
 
Actualmente casi se puede decir que hay un día para cada producto o cocina nacional. El día de las patatas fritas, que por cierto.... ¿las inventaron en Bélgica o en Holanda?, el día de la tapa, la France Gourmet, la fiesta de la cerveza, a lo que hay que añadir rutas como las del vino, el mate, el aceite de oliva, etc... Los alimentos se han convertido en embajadores de países, ciudades y regiones. 
 
Si queréis conocer más detalles sobre el Tercer Foro de turismo gastronómico sostenible podéis seguirlo en la página de Youtube del BCC
 
 
Categorías: Gastronomía , Viajes

Ángela Gonzalo del Moral   29.jul.2017 15:07    

Embajadores gastronómicos de la guipuzcoana Urola Kosta

El mar Cantábrico y los verdes valles, que se entrelazan continuamente en la costa vasca, han marcado el carácter de su gente y la rica gastronomía guipuzcoana. Una cultura milenaria que hoy vamos a descubrir a través de cinco pueblos, unidos bajo la marca Urola Kosta, que nos permite realizar una ruta culinaria basada en queso, vinos, pulpo y besugo. Una ruta marcada geográficamente por las desembocaduras del los ríos Urola y el Orio. Unan estos productos al de la cultura gastrononómica vasca y verán como comienzan a despertarse las papilas gustativas. Pues imaginen que además tienen la posibilidad de degustarlas....

Propongo un viaje gastronómico a esta pequeña zona, situada a muy pocos kilómetros de la capital donostiarra. En unos 20 minutos se olvidarán del ajetreo, -muy tranquilo eso sí- de San Sebastián, y disfrutarán de la tranquilidad y el placer de los colores y sabores de la zona central guipuzcoana. 

Los acantilados imponentes de Zumaia, los viñedos de Getaria, la playa de Zarautz, el estuario del Orio y los humedales de Aia, son parte de la geografía que podemos disfrutar en nuestro recorrido por Kosta Gastronómika, la marca turística que une a estos pequeños municipios especializados cada uno en un producto propio, o como ellos lo denominan su embajador autóctono. El pulpo de Zumaia, el txakolí de Getaria, el besugo de Orio, el queso de Aia y el mercado de abastos de Zarauz, donde los productores muestran e intercambian sus productos. Todos unidos a una forma de cocinar común: la parrilla.

Antes de comer nos vamos a conocer la bebida típica de esta zona: el txakolí. La brisa del Cantábrico y la orografía han dado personalidad propia al txakolí, el vino blanco joven y chispeante, cada vez más apreciado, que se produce en Getaria. La tierra del modisto Cristóbal Balenciaga -al que han dedicado un museo-, o del navegante Juan Sebastián ElCano, que concluyó la primera vuelta al mundo. Su característica península con la iglesia de San Salvador, mirando al mar aparece alfombrada por viñedos. Bajo la denominación Getariako Txakolina, descubrimos unos viñedos atípicos, con la uva creciendo en los parrales, enriqueciéndose de la tierra, pero nunca tocando el suelo.

En Aia, no hay dos quesos iguales, su calidad depende de la raza del animal, del entorno en el que vive, del agua, del pasto y del cuidado de los ganaderos y pastores. Desde Aia se puede disfrutar de unas impresionantes vistas de la costa guipuzcoana y ya en el interior, podemos pasear entre los hayedos del Parque Natural de Pagoeta.

En julio celebran en Orio, la Fiesta del Besugo, donde los grandes maestros parrilleros nos descubren todos los secretos del asador y del célebre besugo al estilo Orio, cocinado de una forma diferente al resto del país Vasco, mediante recetas ancestrales y productos de calidad que han ido perfeccionando en modernas parrillas.

En Orio, seguro que se puede ver alguna trainera debatiéndose contra las olas. En este pueblo el remo es una verdadera religión, y un orgullo, ya que desde su puerto los pescadores surcaban el mar para cazar cetáceos. La última gran captura fue en 1901. En Orio nacieron dos artistas de gran renombre como el escultor Jorge Oteiza y músico Benito Lertxundi, uno de los fundadores de la nueva canción vasca en la década de los 60.

El mercado de Zarautz cambia cada temporada de colores y sabores. Convertido en el centro comercial de alimentos autóctonos, donde los pequeños agricultores llevan sus productos, allí conviven pescados del día, chacinas, quesos y carnes. Además este pueblo puede presumir... y presume de tener la playa más larga de Euskadi. Con sus dos kilómetros y medio, ostenta también este título en todo el litoral Cantábrico. Decenas de surfistas aprovechan sus olas para cabalgarlas, así que no es de extrañar que los pioneros vascos de este deporte, surgieran de este municipio.

Acabamos el recorrido por esta parte de la costa vasca en ese paisaje abrumador y atractivo a la vez que son los acantilados de Zumaia, un tesoro geológico que se levanta imponente sobre el mar, y se adentra en el agua unos cinco kilómetros. Las gigantescas «milhojas» de Flysch son una enciclopedia de las eras geológicas y sus transformaciones a través de los últimos 50 años. Para visitar la zona, hay que controlar las subidas de marea. El geoparque Unesco de la Costa Vasca, se extiende a lo largo de 13 kilómetros de acantilados y playas, entre Mutriku, Deba y Zumaia. En esta última población se pesca el pulpo.

Hasta hace poco era un producto de superviviencia, pero como ocurre con muchos alimentos, comerlo hoy en día ha acabado siendo un manjar. No es de extrañar porque metido entre el flysch, el octópedo se alimenta de conchas de almeja y otros moluscos como el mejillón, también de nécoras, bogavantes y langostas. Lo habitual es comerlo rehidratado, con patatas, pero también en sopa, un caldo potente y denso a base de verdura pochada, pintón dulce y picante, tomate frito y vino blanco. Interesante visitar también la cofradía, donde tenían una forma muy especial de subastar el primer pulpo del día.

Además de comer este producto tan característico de este municipio, en Zumaia podemos visitar el museo Ignacio Zuloaga, donde además de las obras del pintor se exponen otras de El Greco y Goya. Vale la pena subir a la ermita de San Telmo, patrón de los marineros.

No podemos olvidar que de esta tradición culinaria han surgido los grandes chefs guipuzcoanos como Pedro Subijana, Juan Mari Arzak, Martín Berasategui, Andoni Luis Aduriz, Aitor Arregi, Daniel López, Rubén Trincado, Hilario Arbelaitz o los hermanos Txapartegi. Por algo a Guipuzcoa le llamen el planeta de los chefs.

 

@angelaGonzaloM
@Viaje a Itaca

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Ángela Gonzalo del Moral   15.jul.2017 14:05    

Viaje a Ítaca

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Un viaje nunca se acaba. Queda grabado en el recuerdo, se vuelve a él al ver una película, al leer un libro, al escuchar unas notas musicales, al mirar una fotografía, al saborear una bebida, al disfrutar una comida o cuando el país salta a la actualidad por algún acontecimiento específico. El viajero mantiene siempre un nexo interno con el lugar que un día conoció.... y trenza un vínculo con el nuevo destino que empieza a imaginar. La visita a cualquier lugar, cercano o lejano, tiene tres fases. En la etapa de preparación se sueña, en la del viaje se disfruta lo imprevisible y a la vuelta se reinventa la aventura..... Con los cinco sentidos alerta, anhela que la experiencia sea lo más enriquecedora posible.
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