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Navidades filipinas I: Manila

    lunes 12.ene.2015    por Carolina Jaque    1 Comentarios

Las Navidades han sido geniales puedo decir. Hemos hecho un montón de cosas diferentes y, después de tres meses viviendo aquí, creo que estas tres semanas han sido como un curso intensivo sobre el país, sobre algunas zonas, claro.

Después de mucho pensar, he decidido empezar esta serie de entradas por el final: los días en Manila. A mitad de las vacaciones pasamos unos días por aquí para celebrar fin de año, pero nos centramos en Intramuros y en el Parque Rizal, de lo que ya he hablado. Ha sido después del viaje por las islas cuando hemos sacado más tiempo para conocer la ciudad. ¿Qué tal? Pues, igual que le respondimos a un americano que nos preguntó si el paseo por el río había sido bonito, diré que ha sido interesante. Desde luego no considero que Manila sea una ciudad de la que se pueda decir que es bonita, pero sí una ciudad que invita a pensar.

  Casas verdes
Una de las cosas que hemos hecho estos días ha sido visitar el mercado de Quiapo, la zona musulmana y Chinatown. Lo hicimos con una ong local que organiza tours para financiar sus proyectos. Su tour estrella y la razón de su existencia es la visita a los slums, las zonas más pobres y marginadas de la ciudad. En los últimos años ha aumentado el número de ongs que llevan a turistas a estas zonas en distintas ciudades del mundo. Es un tema muy polémico, al que dedicaré una entrada propia. Nosotros hicimos el tour de los mercados que lo llaman.

  Planomercado

Y me encantó, el mercado era enorme y estaba lleno de gente. Se nota que a la gente le gusta comprar allí, buscar a su suke (el tendero al que siempre van, con el que les une una relación de fidelidad y que les hace precio especial), regatear, comer en los puestecillos callejeros, charlar. Me dio la sensación de estar en el mercado del pueblo de mi madre, a donde mucha gente va a echar la mañana y, por supuesto, para el que hay que ponerse mona porque es donde te encuentras a todo el mundo. Me quedé con la sensación de que la sociedad filipina es quizá parecida a la nuestra de hace unos años, cuando se vivía con calma, sin prisa, cuando la pregunta ¿cómo estás? no era retórica, sino que iba acompañada del tiempo suficiente para escuchar una respuesta sincera.

Si cierro los ojos y recuerdo las imágenes que se quedaron en mi retina de esa mañana, encuentro los paquetitos de arroz hervido en leche de coco y envuelto en hoja de plátano, 

Dulces arroz

los huevos salados, el pescado seco,

Pescado

las velas que sirven para determinados fines según su color (desde el amor, a la salud, pasando por el bienestar y los estudios)…

Velas

Recuerdo los muñequitos del Niño Jesús para los que se venden vestidos,

Muñecos jesus

los amuletos de la suerte de origen chino, los huevos de ave rebozados y fritos, las raíces cuyas infusiones lo mismo valen para los dolores de la regla como en forma de píldora del día después.

Hierbas

Me imagino ese lugar en verano con un calor sofocante, pero manteniendo su bullicio característico.

Y, de repente, al cruzar una calle, otro mundo: puestecillos de especias, ropa de mujer para ir totalmente tapada, y una gran mezquita desde la que en ese momento llamaban a la oración.  La zona musulmana. En un país mayoritariamente católico (más del 75% de la población) fue curioso entrar en una zona totalmente musulmana. Y más después de haber pasado por delante de la iglesia del Nazareno Negro, donde cientos de personas se preparaban para celebrar dos días después del día del Nazareno Negro, una procesión para la que llegan grupos de todo el país, algunos andando muchos kilómetros, y que recorre las calles de Manila durante unas 20 horas. La tradición cuenta que la imagen del Nazareno venía desde México en un barco que sufrió un incendio y quedó reducido a cenizas. La imagen se salvó, aunque quedó negra. Por cierto que la creencia dice que si tocas la imagen tendrás fortuna, así que la gente se agolpa y se suben unos a otros para tocar la imagen. Todos los años muere gente. Este año, dos.

Una vez visto el contraste entre la iglesia abarrotada de gente y la llamada a la oración desde la mezquita, pasamos por Chinatown, lugar de comercio de oro, con multitud de restaurantes chinos y puestos de amuletos. Allí también se preparaban para una fiesta, aunque distinta, el Año Nuevo Chino, que se celebra el 19 de febrero. Barrio curioso, aunque sin el encanto de otros barrios chinos.

  Contraste rio

Y del contraste de religiones pasamos al día siguiente a ver el contraste de niveles sociales. Por la mañana decidimos recorrer el Río Pasig en barco para tener otra visión de la ciudad. No es que el contraste en barco sea mayor que el que ves en coche, pero quizá la tranquilidad de la travesía hace que lo pienses más.

Chabola rio

Sales desde el centro y pasas por chabolas, ves a gente pescando y bañándose en el río marrón… Son escenas que has visto miles de veces en fotografías y en la televisión y parece que por eso te resultan familiares, pero ahora están delante de tus ojos y te hacen pensar que si hubieras nacido en esa chabola dando al río Pasig en Manila, estarías allí, descalza, intentando pescar algo en un río contaminado para dar de comer a tu familia.

Makati rio

Y las reflexiones parecen que suben la voz en tu cabeza cuando, detrás de la pobreza en primer plano, surgen los rascacielos de Makati, relucientes, poderosos, casi insultantes. Entonces te das cuenta de que es ahí donde tú has nacido (en un sentido figurado, claro) y le das gracias a la vida por ello, y te preguntas cómo serías si estuvieras al otro lado, cuál sería tu forma de ser, cómo reaccionarías y te relacionarías con tu situación. Y te planteas que deberías hacer algo para aportar un grano de justicia a este mundo tan injusto.

Por la tarde, otro baño de contrastes, pero esta vez vivido de una forma mucho más agobiante. Fuimos a ver la puesta de sol desde la bahía, y esta vez iba con niños. Motos por la acera, bicis a toda mecha, perros callejeros, cucarachas, pescado lleno de moscas en el suelo, recién pescado y esperando a ser vendido, gente quitándose piojos... Cuando estás a cargo de tus hijos todas las reflexiones enmudecen en la cabeza y dan paso al instinto de supervivencia y de protección: que no se hagan una herida aquí (y no es porque está sucio como puedes pensar en un lugar sucio en España, es porque sabes que hay un riesgo real de pillar algo), que no les muerda un perro, que no les atropelle una moto, que no se metan las manos en la boca que las tienen negras, etc. Fue una puesta de sol agobiante, aunque preciosa. Dicen que es la polución la que hace que el sol esté tan anaranjado.

  Puesta de sol

 Se hace de noche en Manila, aunque la ciudad no duerme.

Carolina Jaque   12.ene.2015 02:54    

1 Comentarios

Me encanta.....cuando la pregunta ¿Qué tal estás? No era retórica.

lunes 12 ene 2015, 13:08

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Haciendo el mundo pequeño

Bio Haciendo el mundo pequeño

Seguro que hoy algún español ha salido de su casa, ha dejado su barrio, sus amigos de siempre y a su familia para irse a vivir al extranjero. En 2012 fueron casi 60.000 los que hicieron las maletas. Pero ¿cómo es eso de emigrar en el siglo XXI?
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