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“He dejado atrás los mejores años de mi vida”

    viernes 16.may.2014    por Natalia Martín Cantero    3 Comentarios

“No podré ser feliz si los resultados de los análisis médicos son negativos”. Aunque así, en frío, resulte difícil de creer, numerosos estudios lo desmienten, y prueban que es mucho lo que se puede hacer para que el tiempo que nos quede esté impregnado de sentido. La cuestión, señala Sonja Lyubomirsky en su libro Los mitos de la felicidad, es que está en nuestra mano decidir lo que nuestra experiencia es o deja de ser. Cada minuto y cada hora del día elegimos prestar atención a unas cosas e ignorar, suprimir o evadirnos de todas las demás. Aquello en lo que decides centrarte se convierte en parte de tu vida. En palabras del filósofo William James: “Mi experiencia es aquello en lo que decido ocuparme. Sólo aquellos asuntos en los que reparo conforman mi mente”.

Esto significa que si tienes una enfermedad crónica puedes pasar el resto de la vida que te queda lamentándote, pero también puedes aprovechar para conectar con esa dimensión espiritual ignorada durante mucho tiempo, centrarte en un proyecto de ayuda al prójimo o reconectar con familiares. Podemos cambiar nuestra vida simplemente cambiando nuestra actitud. Una fascinante sugerencia de cómo podemos descansar nuestra atención cuando nos encontramos mentalmente puestos a prueba, escribe Lyubomirsky, y sin la suficiente capacidad para mantenernos concentrados en las cosas que nos hacen felices, es pasar más tiempo rodeados de naturaleza.

“He dejado atrás los mejores años de mi vida”. Hace unos días oí decir en una charla pública a un hombre de cerca de 80 años que creía sinceramente que lo mejor estaba por venir. Cuando, ante el estupor del público le interrogaron al respecto, su respuesta fue para enmarcar: un manzano viejo no da manzanas podridas, dijo. La ciencia lo respalda. La creencia de que la felicidad desciende con el paso de los años está muy extendida, pero eso no significa que sea cierta. La gente mayor se muestra más feliz y satisfecha con su vida que los más jóvenes;  disfruta de más emociones positivas y su experiencia emocional es más estable y menos sensible a las vicisitudes cotidianas y al estrés. La principal explicación es que, cuando comenzamos a entender y asimilar que el tiempo que nos queda es reducido cambiamos nuestra perspectiva, nos centramos más en el presente e invertimos el tiempo y el esfuerzo en las cosas que realmente importan. En otras palabras, nos hacemos emocionalmente más sabios a medida que envejecemos

Para saber más: Los mitos de la felicidad ILos mitos de la felicidad II

Categorías: Actualidad , Ciencia

Natalia Martín Cantero   16.may.2014 10:13    

3 Comentarios

Es ley de vida, nacemos, crecemos , envejecemos...Pero¿estamos preparados para ello?.Eso es algo a lo que a unos más que otros nos cuesta afrontar.La verdad (al menos esa es mi experiencia) envejecer no es fácil.
Así que, intento aprender a envejecer con dignidad que no me parece poca tarea.
Saludos.

sábado 17 may 2014, 21:00

Hablando de felicidad, ese concepto tan abstracto, a mi me parece que la edad, te da la experiencia. Y no valoras la vida de otra manera, porque ves que se te acaba el tiempo, sino que delante de todos esos años de vida acumulada has ido aprendiendo a valorar lo importante de lo superfluo, lo relativo de lo irrenunciable, y has aprendido ( si has querido) que lo importante es el aquí y ahora, pero siempre con la proyección de futuro, y teniendo en cuenta las experiencias aucmuladas, las tuyas y las de los otros... no sé si me explico.

sábado 24 may 2014, 16:56

Te explicas muy bien, Tere.

Envejecer no sé si es fácil, como dice M, pero incluyo este dato: se sabe -numerosos estudios lo prueban- que la felicidad aumenta en el último tramo vital, en contra de lo que habitualmente se cree.

Un saludo y gracias por la atención,
Natalia

martes 27 may 2014, 18:41

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Natalia Martín Cantero

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Este blog ha dado tanta vueltas como su autora. De Madrid a Pekín y vuelta. Hablo de bienestar integral: si lo consigues, me cuentas cómo.
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