52 posts con categoría "Ciencia"

El lado chungo de las cosas

Si no tienes tiempo para seguir leyendo más allá de este primer párrafo, la cuestión se resumiría así: estamos naturalmente predispuestos para fijarnos en el lado chungo de las cosas. O, dicho de otra manera, nuestros cerebros están optimizados para sobrevivir, pero no necesariamente para ser felices. Puedes conseguir el trabajo ideal (bueno, hoy día dejémoslo en trabajo a secas), una pareja maravillosa, ganar la lotería, y todavía encontrar algo (o mucho) de lo que quejarte. ¿Te suena?

El neuropsicólogo de la Universidad de Berkeley Rick Hanson expone en su libro Hardwiring Happiness: The New Brain Science of Contentment, Calm, and Confidence (sin traducción al español por el momento) cómo y por qué nuestro cerebro está programado para centrarse en lo negativo; un hecho que explica muchas cosas.  

Cuando leía esta interesante entrevista con Hanson recordé otra que tuve ocasión de hacer hace unos meses al autor y conferenciante Max Strom, quien insiste machaconamente en algo que ya decía Cicerón: la gratitud es la madre de todas las virtudes. Hanson viene a recomendar lo mismo, y lo sostiene con la ciencia en lugar de la intuición. Su propuesta es “acondicionar” el cerebro, por así decir, para que las experiencias de felicidad, fortaleza o amor ganen terreno dentro de la materia gris.Para ello, el primer paso es recordar que la estructura neural se construye a partir de repeticiones de patrones de actividad mental. “El problema es que al cerebro se le da muy bien construir a partir de las experiencias negativas”, señala Hanson. Aprendemos inmediatamente del dolor –el gato escaldado del agua fría huye–, pero con las experiencias positivas ya es otro cantar. Tanto es así que Hanson llega a decir en su libro que el pensamiento positivo “se desperdicia en el cerebro”. ¿Por qué?

El pensamiento positivo es, por definición, conceptual y generalmente verbal. Y esto no tiene, en el fondo, un gran impacto en nuestra psique. Como ya sospechábamos, en particular cuando nos levantamos con la pata izquierda, Hanson señala que muchas de esas personas que se pasan el día mareándonos con eslóganes positivos “no son más que idiotas”. Y es que lo importante, lo que cambia la vida no es el pensamiento positivo, sino el pensamiento claro: “Creo que es importante ser capaz de ver el mosaico completo de la realidad”, apunta.

Retrocedamos un momento. ¿Por qué nos fijamos más en lo negativo? Porque en el pasado, cuando nos alojábamos en cuevas, era fundamental para nuestra supervivencia tener bien presentes amenazas cotidianas como los depredadores. Mientras que el olvido de una experiencia positiva no es crucial –siempre se puede recordar al día siguiente–, ignorar experiencias negativas podía conducir a la muerte. Por tanto, a diferencia de lo negativo, lo positivo no pasa de forma automática a esa zona de almacenamiento de nuestro cerebro que reutilizará esas señales como advertencia. En palabras de Hanson, tenemos un “Velcro para lo malo, Teflon® para lo bueno”. Y esto explica por qué la información negativa sobre una persona se recuerda mejor que la información positiva, algo obvio en el mundo de la política, por ejemplo.

El remedio propuesto por Hanson es “internalizar” el sentimiento de tener nuestras tres necesidades básicas cubiertas: seguridad, satisfacción, y conexión. Por ejemplo, las experiencias de relajación y calma, de sentirte protegido refuerzan nuestro sistema de seguridad. Quienes son capaces de internalizar una y otra vez la sensación de calma, tienen más posibilidades de enfrentarse a situaciones de estrés sin entrar en modo reactivo. Lo mismo sucede con nuestra necesidad de satisfacción y las experiencias de gratitud o logro, que nos llevan a ver las riquezas de nuestra vida y nos protegen frente a las pérdidas que experimentemos. De la misma forma, cuanto más cultivemos el sentimiento de compasión, bondad, de amor a otros y uno mismo, más protegidos estaremos frente a situaciones en las que nos den de lado.

“En mi opinión”, concluye Hanson, “si eres capaz de internalizar repetidamente lo bueno para cultivar tu fuerza interior, podrás lidiar con lo malo. Internalizar lo bueno está motivado por el reconocimiento de que la vida puede ser muy dura”. 

Llorando

“Las experiencias dolorosas son algo más que malestares pasajeros. Inclina tu mente deliberadamente hacia lo positivo. Esto no es mirar el mundo con gafas de color rosa. Dado nuestro sesgo hacia lo negativo, sólo estás equilibrando el campo de juego” ~ Rick Hanson

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Natalia Martín Cantero   25.oct.2013 12:44    

El cuento del gato

Paul Watzlawick da para mucho. A este psicólogo le debemos una historia que habla como pocas de nuestra capacidad para inflar las trivialidades y fabricarnos nuestra propia miseria. Es muy conocida, y circula en varias versiones. Esta es una de ellas:

“Un hombre quiere colgar un cuadro. Tiene clavos, pero le falta el martillo. Su vecino tiene uno, así que el hombre decide ir a su casa para pedírselo prestado. Sin embargo, en ese momento comienza a tener dudas. ´¿Y si no quiere prestarme su martillo? Ayer, cuando le saludé, se mostró un poco esquivo. Quizá tenía prisa. O quizá no le apetecía encontrarse conmigo. ¿Entonces qué hago? Nunca le traté mal, ¿quién se cree que es? Si alguien necesitase mis herramientas, no lo dudaría un momento. ¿Por qué él no hace lo mismo? Gente como él hace que la vida sea  más triste. Y estoy seguro de que imagina que dependo de él, sólo porque tiene un martillo. ¡Ya está bien!´ De modo que el hombre se dirige a casa del vecino hecho una furia, llama al timbre y, antes de que el vecino tenga oportunidad de decir buenos días, le grita: ´¿Sabes lo que te digo? ¡Que no necesito tu martillo!´”.

En casa usamos la variante del gato, en la que a un tipo que se le pincha una rueda en medio de la carretera y necesita un gato para cambiarla comienza a hacerse sus composiciones de lugar hasta llegar a similares conclusiones que el del martillo.

Hoy mismo caí en esta trampa cuando pedí hospitalidad a una amiga y, en lugar de contestar afirmativamente al instante, me dijo que tenía que consultarlo con su pareja. En cuestión de segundos ya había creado mi propia teoría: “En realidad no es tan buena amiga… si lo fuera me habría dicho que sí… la última vez que estuve en su casa no tenía la cama lista… claro, no le hace tanta gracia... seguro que prefiere que nos quedemos en otro sitio...”. Y así.  Hasta que ha llegado mi marido y me ha recordado que lo primero que hizo la primera vez que nos alojó es darnos las llaves de su casa para que fuésemos cuando lo necesitásemos. “Ya estás con el gato”, me ha dicho.

Si te fijas bien, verás lo fácil que es montarte tu propio gato. 

Elefante_foro

La creencia de que tu propia visión de la realidad es la única realidad es la más peligrosa de todas las ilusiones ~ P. Watzlawick 

 

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Natalia Martín Cantero   21.oct.2013 13:28    

¿Cómo andas de empatía?

Si tu pareja te acusa de ser una piedra con ojos, si te falla con frecuencia el radar emocional o tu puntuación está por debajo de 22 en este test de la empatía desarrollado por la Universidad de Cambridge, no desesperes: echa mano de alguna buena novela.

Un nuevo estudio publicado recientemente en la revista Science mostró que después de leer ficción literaria –ojo: no sirven los textos de no-ficción y de literatura “popular”– los participantes sacaron mejores resultados en pruebas que miden la empatía, la percepción social y la inteligencia emocional, actitudes que, entre otras cosas, nos permiten leer el lenguaje corporal e inferir lo que nuestro interlocutor está pensando.

La ficción literaria deja espacio para la imaginación y, como empuja a los lectores a hacer inferencias sobre los personajes, ser sensibles a los matices emocionales y a la complejidad, nos permite agudizar esa brújula que permite distinguir la hostilidad del miedo, o la simpatía del deseo. El rango de emociones que revelamos sólo con los ojos es impresionante, tal y como muestran las imágenes de aquí abajo, tomadas del test que mencionaba en el primer párrafo:

Ojos_TentativeArrogantGratefulSarcastic

¿Vailante, arrogante, agradecido, sarcástico? 

Respuesta: Vacilante

Ojos_DecisiveAmusedAghastBored
¿Decidida, asustada, divertida, aburrida? 

Respuesta: Decidida 

Ojos_DoubtfulAffectionatePlayfulAghast

¿Dubitativo, juguetón, afectuoso, asustado? 

Respuesta: Dubitativo

Ojos_ThoughtfulIrritatedEncouragingSympathetic

¿Irritado, pensativo, alentador, solidario? 

Respuesta: Pensativo

Ojos_FriendlyDominantGuiltyHorrified
¿Dominante, culpable, amistoso, horrorizado? 

Respuesta: Amistoso 

Ojos_FantasizingEmbarrassedConfusedPanicked
¿Fantasiosa, avergonzada, confundida, en pánico? 

Respuesta: Fantasiosa 

“Por eso me encanta la ciencia. Los investigadores han encontrado una manera de mostrar la veracidad de los beneficios intangibles de la ficción literaria”, señala Louise Erdrich, cuya novela The Round House se utilizó en este experimento.

La idea de que lo que leemos tiene gran influencia en nuestras habilidades sociales y emocionales no es nueva; trabajos anteriores ya habían relacionado un aumento de la empatía y la sensibilidad con ciertas lecturas. Este nuevo estudio, no obstante, es importante porque indica la existencia de un efecto directo, que se deja notar incluso cuando los participantes han leído durante sólo unos minutos. 

Frente a la literatura popular, que suele valerse de estereotipos para retratar comportamientos y, en general, está más centrada en la trama, leer buenos trabajos de ficción te pone en el lugar de otro, te permite adentrarte en vidas que no tienen nada que ver nada con la tuya. Y si la lectura es sutil y llena de matices –como suelen ser los relatos de Lydia Davis, Alice Munro o la mencionada Erdrich, maestras en el arte de adentrarse en los lugares más recónditos de las mentes de sus personajes– pienso que uno solo de sus relatos seguramente sea más útil para conocer el alma humana que varios tratados de psicología

“Los escritores son, con frecuencia, solitarios obsesivos. Es bonito que nos digan que lo que escribimos tiene un valor para la sociedad”, dijo Erdrich. “De todos modos, continuaría escribiendo incluso si las novelas no sirviesen para nada”. 

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Natalia Martín Cantero    9.oct.2013 19:20    

La quietud y el pollino

Y ahora, para los más científicos, esto es lo que ocurre en el cerebro -o, mejor dicho, deja de ocurrir- cuando nos sentamos a meditar: 

Antesydespuesmeditar

Lóbulo frontal. Es la parte más evolucionada del cerebro, responsable de, entre otras cosas, planificar y razonar. Mientras meditamos, tiende a ir offline.

Lóbulo parietal. Esta parte del cerebro procesa información sensorial sobre el mundo que nos rodea, y nos ayuda a orientarnos en el tiempo y espacio. Durante la meditación, la actividad en esta zona se ralentiza.

Tálamo. Este órgano lleva cierta información procedente de los sentidos al cerebro, al tiempo que impide el paso de otras señales sensoriales. La meditación reduce el flujo de información entrante. 

(La imagen y el texto, traducido del inglés, proceden de este artículo, con amplia información y enlaces sobre los efectos de la meditación). 

Para los no tan científicos, aquí va el poema “Quietud”:

Despreciamos la quietud
como si fuera la inmovilidad improductiva del sufrido pollino.

Sin embargo,
la quietud es la forma de que el tiempo se remanse
y no te arrastre,
y al braceo para mantenerte a flote
no le llames equivocadamente actividad.

Si el tiempo se remansa
se hace espejo
como una lámina de agua.

Entonces te reflejas tú y el mundo que te rodea.
Sólo así en la reflexión del espejo
consigues verte con el mundo.
Porque cuando lo miras directamente
lo ves sin ti.
Ajeno.

No es extraño, entonces,
que te comportes de manera diferente 
a cuando por la reflexión
te ves inseparable de la cosas del mundo.

(De A.R. de las Heras

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Natalia Martín Cantero   27.sep.2013 13:40    

Cuando Wally se encontró a sí mismo

Algunos lectores perciben mano dura de Photoshop en los cambios en los rostros de los participantes en un retiro de meditación que describe el proyecto Antes y después. Por mi parte, no dudo de la veracidad de este trabajo. Algunos dicen que la mente produce hasta 60.000 pensamientos cada día (son tantos que supongo que mil arriba mil abajo no harán diferencia). Así que no me extraña que cuando consigamos frenar este aluvión, aunque sea moderadamente, rejuvenezcamos varias decenas de años, se nos ilumine la cara, se nos borren las ojeras y desaparezca ese grano en la nariz.

Prometía referirme a las siete horas y media de meditación diarias y no me escaqueo. Fue este verano, en un retiro en silencio donde no se recomendaba leer, escribir o escuchar música, y donde los participantes seguíamos este horario: Retiro

En esas circunstancias vives tantas aventuras como en una película de 007, si bien en realidad virtual. Una de las impresiones más llamativas es el deseo de la mente de escaparse a otro lugar, su obsesión por preferir cualquier sitio menos este. El deseo de distracción es tan intenso que le lleva a uno a leer una y otra vez las instrucciones del extintor de incendios, aprenderse de memoria la composición de los productos de aseo o inventarse mil y una historias sobre el resto de participantes. 

Las estrategias de evasión pueden llegar hasta extremos ridículos. Un conocido que se embarcó en un retiro de varios días en solitario en un lugar remoto de Navarra cuenta que se le hizo tan insoportable el aburrimiento y la falta de distracción –contemplar pajaritos y adivinar formas en las nubes tiene poca chicha para la mayoría de nosotros– que dedicó varios días a cavar, con la ayuda de su cantimplora, un vaso de metal y palos que pilló a mano, unas escaleras en la pendiente que llegaba hasta su tienda de campaña.

Cuando el diablo no tiene qué hacer, mata moscas con el rabo. Este es el reinado de la “mente mono”, la que salta sin respiro de pensamiento en pensamiento. Que es lo que ocurre en nuestro día a día, por otra parte: un retiro no es más que un laboratorio donde es más fácil observar estos vaivenes. La gran conquista, supongo, es mantenerte en tu sitio, hacer amistad con este animalillo asilvestrado que todos llevamos dentro. Como dice el poema Hay un mono en mi mente:

Columpiándose en un trapecio / volviendo hacia el pasado / o inclinándose hacia el futuro / sin estarse nunca quieto./ A veces quiero matar / a este mono, dispararle justo entre los ojos / para que no tenga que pensar más, / ni sentir el dolor de la preocupación. / Pero hoy le doy las gracias. / Saltó a mi regazo, mientras el trapecio todavía oscilaba, / y nos sentamos juntos los dos, quietos. Wally

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Natalia Martín Cantero   24.sep.2013 12:58    

Antes y después, o cómo meditar embellece

Ya habíamos hablado hace tiempo de cómo meditar rejuvenece. Si no te convenciste en aquel momento, cuando nos referíamos al primer proyecto de investigación que sugiere que la meditación tiene un papel importante en el envejecimiento celular, quizá te inspire el proyecto Antes y después.

La cuestión que le interesaba investigar a Peter Seidler, autor de estas imáges, es si un periodo de práctica metivativa deja alguna señal en el rostro. Y vaya que sí. Seiler retrató a los participantes de un retiro de un mes que se celebró en California en su primer y último día. Se trata de imágenes sencillas sobre un fondo blanco. Hombres y mujeres, jóvenes y viejos, con rostros normales. Quizás sus arrugas continúen estando ahí, pero puede que se haya encendido una lucecita, un algo que antes no se adivinaba:  

 

04beforeafter
03beforeafterF

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Por cierto que dice el médico que meditar a diario 20 minutos es bueno para la salud. Pero ¿qué pasa si lo haces durante casi ocho horas seguidas? De esto hablaremos en el próximo post. 

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Natalia Martín Cantero   18.sep.2013 13:58    

La paradoja de la inteligencia: ¿buen cirujano o buen padre?

Una amiga mía está preocupada porque cree que la gente de derechas tiene más hijos que los de izquierdas, y esto significa que los conservadores heredarán el mundo. Su teoría no me convence; para bien y para mal, los hijos salen por peteneras muy a menudo.

Pero en torno a este tipo de elucubraciones orbita Satoshi Kanazawa, un polémico investigador de psicología evolutiva de la London School of Economics que sostiene, entre otras cosas, que los ateos y los de izquierdas son más inteligentes. Kanazawa acaba de lanzar un nuevo libro, titulado “La paradoja de la inteligencia”, donde asegura que a la gente más inteligente se le da mejor hacer la mayoría de las cosas, excepto las importantes.

 Kanazawa viene a decir que antaño, en tiempos pasados, la inteligencia servía para resolver problemas que implicaban dar un paso más allá en el proceso natural de la evolución –esto es, adaptarse a los cambios evolutivos. Pero, según este autor, en el día a día, en los asuntos mundanos, viene a ser algo así como un estorbo.

En el entorno de la vida moderna todo es evolutivamente novedoso, así que a las personas inteligentes les va bien en casi todos los aspectos de la vida moderna: el trabajo, los estudios o las actividades relacionadas con el ordenador  (¿existe alguna que no lo sea?). “La gente inteligente lo hace bien en casi todas las esferas de la vida moderna excepto en las cosas más importantes, como encontrar pareja, criar a un niño o hacer amistades”, apunta. “La gente más inteligente no tiene ninguna ventaja a la hora de encontrar pareja y con frecuencia tiene desventajas”.

A la gente menos inteligente, por el contrario, se le dan mejor las cosas importantes. “¿Prefieres ser un buen cirujano del corazón o un buen padre? ¿Prefieres ser un buen ejecutivo o un buen amigo?Los más inteligentes no siempre son los mejores padres o amigos”, señala Kanazawa. De sus palabras se deduce que una cosa excluye a la otra, lo cual resulta de lo más inquietante.

 “Las mujeres inteligentes son las peores madres, simplemente porque tienen menos interés en convertirse en madres en primer lugar. La reproducción es el fin último de todos los organismos vivos, así que las mujeres inteligentes van, con mayor probabilidad, en contra ese diseño evolutivo”, argumenta.   

La polémica, como se ha dicho, acompaña a este científico. Pero en algo estoy de acuerdo: si adoptamos el significado convencional, la inteligencia no nos lleva demasiado lejos. Estoy cansada de ver gente inteligente sufriendo como perros, incapaz de ver más allá de sus propias narices. Seguramente es una cuestión semántica: depende del significado que se le dé a la palabra inteligencia. No descubro nada, por supuesto. Como se mostró hace ya varios siglos, el sueño de la razón produce monstruos. .

Precipicio 

El amor dice “yo soy todo”. La sabiduría dice “yo soy nada”. Entre los dos, mi vida fluye ~ Sri Nisargadatta Maharaj

 Foto vista en RebelleEpoque

Categorías: Ciencia

Natalia Martín Cantero   13.jul.2012 13:06    

¿A qué sabe una tarántula?

Es más fácil tropezarse con buenas ideas cuando uno deja que la mente deambule. Esta es la tesis del artículo de portada de New Scientist. Una feliz lectura para los que tendemos a despistarnos de más. O sea, casi todos: se calcula que pasamos en torno al 50 por ciento de nuestras vidas en nuestra cabeza en lugar de en el momento presente. Es posible que en el transcurso de los 10 o 20 segundos que llevas leyendo este post se te hayan cruzado dos o tres pensamientos ajenos al texto. Y es prácticamente seguro que no llegarás al final sin haberte salido por la tangente mental varias veces.

Este divagar, dice el artículo, es señal de una mente sana. Entre otras cosas, nos permite planear el futuro imaginando diferentes eventos. Dejar que la atención vaya a la deriva indica que nuestra creatividad está en marcha. “Cuando se trata de tener ideas brillantes, la capacidad para concentrarse está sobrevalorada. Si ha de resolver tareas que implican flashes de inspiración o comprensión, la mente de una persona que divaga funciona mejor”, dice el artículo. Por eso las mejores ideas llegan en la ducha, o fregando los platos. Es decir: la mejor manera de resolver un problema es, precisamente, no centrarse en él.  

Las limitaciones de una mente muy concentrada podrían explicar por qué las buenas ideas parecen inalcanzables cuando uno está bajo presión. Numerosas investigaciones prueban que la ansiedad es tu peor enemigo cuando necesitas que se te ocurra algo original. Los estudios que cita este artículo muestran que, tras ver a un comediante de humor, la gente resuelve mejor puzles mentales. Si, por el contrario, se proyecta una película de terror (que induce a la ansiedad y aprensión), el efecto es el contrario.

Hasta hace poco, se consideraba que el pensamiento inteligente siempre viene acompañado de la habilidad para filtrar distracciones y centrarse en una tarea (lo que los científicos llaman “control ejecutivo”). Sin embargo, parece que la gente con un alto nivel de memoria de trabajo (memoria a corto plazo, lo que da fuelle a ese “control ejecutivo”) se le da bien resolver problemas analíticos, pero no tanto tareas que requieren inspiración. 

¿Por qué tendemos a evadirnos del presente con tanta frecuencia? Todas las investigaciones apuntan en esta dirección: para pensar creativamente, más allá de los rígidos límites impuestos por ese “control ejecutivo”. Se producen más revelaciones cuando uno sueña despierto que cuando está concentrado. 

Tarantula1

"Las estanterías de los supermercados americanos ofrecen sólo una pequeña porción de todo lo que ofrece el mundo", dicen los autores de Man Eating Bugs, el libro de donde está tomada esta fotografía. ¿Como la mente cuando se concentra demasiado? 

Me encanta pensar que el "multitasking"del que soy víctima, tiene alguna ventaja. Desde que comencé este artículo hasta ahora me he enterado de que una tarántula sabe como un pollo recién nacido pero sin huesos; he cruzado varios correos con una amiga que se dedica a la terapia sexual para obesos y he hecho publicidad de Yikmik, una interesante iniciativa que lanzan hoy unos amigos.

Pero la falta concentración que observo a mi alrededor, empezando por la que suscribe, canta y baila, me parece excesiva. Quizá, entre medias, uno haya tenido alguna idea brillante. Pero es probable que no nos enteremos porque, por falta de concentración, no la habrá llevado a término.

Todavía más importante: ¿cuál el precio que pagamos por distraernos? Ni más ni menos que nuestra felicidad: está más que comprobado que una mente que divaga –que no está anclada en el presente– es una mente infeliz.

PS. ¿A qué sabe una tarántula?

"Las tarántulas son grasientas, pero buenas. Las patas son crujientes, y cada uno de esos grandes y peludos cuerpos son un bocado decente (...)  No hay en inglés palabras para definirlo. Si los pollos de un día no tuvieran huesos, tuvieran pelos en lugar de plumas y fueran del tamaño de un gorrión recién nacido, podrían saber como las tarántulas". 

(extraído de Man Eating Bugs, Hombre comiendo insectos).  

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Natalia Martín Cantero   20.jun.2012 14:50    

Dos idiomas, dos mundos

Esta andadura comenzó hace casi cuatro años, cuando escribía sobre la España que encontré tras pasar varios años fuera. Ha pasado el tiempo, pero no me he quitado de encima la manía de las comparaciones. Y últimamente, ahora que la lista de despropósitos que afligen al país es más larga que los cabellos de Julieta, me descubro comparando insistente, enfermizamente.

¿Tendrá el lenguaje, nuestra forma de expresarnos, parte de la culpa? No, claro que no. Pero me llama poderosamente la atención este artículo sobre bilingüismo recién publicado en la revista New Scientist (hay que registrarse para acceder) que pone de manifiesto hasta qué punto nuestra memoria, valores e incluso personalidad pueden cambiar en función del idioma que se utilice.

El lenguaje está tan ligado al pensamiento y al razonamiento que los investigadores citados en el artículo se preguntan si las personas bilingües actúan de forma diferente en función del lenguaje que están usando en cada momento.

Por ejemplo, un experimento muestra que los bilingües en japonés e inglés usan finales muy diferentes dependiendo del idioma. Al terminar la frase “los amigos de verdad deben…” en japonés respondían “… ayudarse los unos a los otros”. Mientras que en inglés optaban por “… ser muy honestos”. Los bilingües, explican los investigadores, usan diferentes canales mentales. Uno para cada lenguaje, casi como si tuvieran dos mentes diferentes.

Lera Boroditsky, de la Universidad de Stanford, cree que a los hispanohablantes se les da peor recordar quién causó un accidente que a los anglosajones. ¿La explicación? El uso constante de frases impersonales en las que se excluye el sujeto. En el estudio se cita la frase “se rompió el florero”. Pero a mí me vienen a la mente un montón de discusiones sobre política o la vida en general en las que el sujeto brilla por su ausencia, del tipo “no nos van a dejar nada”, “se van a quedar con todo” o “a la gente le toman el pelo”.

Este uso del lenguaje potencia la idea de que los errores y las mentiras del gobierno de turno o las numerosas corruptelas forman parte de una gran conspiración orquestada por una mano invisible e inteligente, y nos convierte en indefensos y vulnerables. Porque tenemos, así, la sensación de que nada se puede hacer contra unas omnipotentes (e innombrables) Fuerzas del Mal.  

El bilingüismo es, en fin, un “microscopio extraordinario en la mente humana”, en palabras de Laura Ann Petitto, de la Universidad Gallaudet en Washington DC. Cuanto más se estudia, más beneficios se descubren. Entre otras: la gente bilingüe es más empática y se le da mejor colocarse en el lugar de otra persona; el bilingüismo ayuda a combatir el envejecimiento y mejora lo que los investigadores llaman el “sistema ejecutivo” del cerebro: un conjunto de habilidades mentales que incluyen la capacidad de saltar de una tarea a otra sin confundirte o bloquear la información irrelevante para concentrarte en la tarea que tienes delante.

Nunca es tarde para dejar que crezca esa "segunda mente". O eso dicen los investigadores, que aseguran que puedes aprender un lenguaje a cualquier edad y mejorar así tu sistema cognitivo. Con un poco de suerte, las próximas generaciones dejarán de favorecer las frases impersonales, contra las que nada podemos hacer, y optarán por los nombres y apellidos. 

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Natalia Martín Cantero   10.may.2012 09:55    

Cinco mitos sobre la vejez

El plan inicial era escribir sobre cómo evitar esa sensación tan extendida de que el tiempo vuela. Frenarlo, nada  menos, es lo que propone con un enrevesado argumento el filósofo Alva Noë. Si no he entendido mal, lo cual es probable, Noë parte de la base de que experimentamos la vida en forma de arco, y no lineal:   

“¿Cómo cuentas tiempo de tu matrimonio? ¿El de tu carrera? ¿Cómo cuentas el tiempo mientras estás enfermo? No en segundos, minutos, horas o días. El tiempo pasa más rápido a medida que envejecemos porque cada vez estamos más a gusto en esos arcos narrativos que dan estructura a nuestra vida. Nos hemos convertido en expertos maridos o arquitectos y somos la expresión de nuestra habilidad rutinizada”.

Si quieres vivir para siempre, propone Noë, rompe tus hábitos. Haz cosas nuevas y manda la porra la rutina.  Sepárate, o cásate. Deja de fumar o comienza a darle a la bebida. Su conclusión es bastante deprimente: ganas tiempo (o la sensación de tenerlo), pero pierdes el sentido.

Parece mucho más práctico (y menos enrevesado)  plantearse cómo aprovechar esos 20 o 30 años que ahora tenemos de más con respecto a las generaciones del pasado. Laura Carstensen, directora del Centro de Longevidad de la Universidad de Stanford (California), desmonta cinco mitos sobre la vejez en su libro A Long Bright Future (Un futuro largo y brillante):  

 La felicidad es dominio de los jóvenes.

Al contrario. Numerosas investigaciones, algunas muy recientes, ponen de manifiesto que la felicidad sigue, en general, forma de U. El punto más bajo se encuentra en torno a los 45 años, y a partir de ahí comienza a subir. Esto se debe, dice Carstensen, a que la salud mental mejora con el tiempo (exceptuando, claro está, el caso de las personas que padecen demencia): “La gente mayor generalmente se centra en lo esencial, no se preocupa por las pequeñeces y disfruta de su  libertad cuando sus hijos se marchan”. 

Tu ADN es tu destino.

Un estilo de vida saludable es tan importante como los genes cuando se trata de envejecer bien, dice Carstensen. Los siete consejos clave en este sentido son: No fumes. Bebe moderadamente. Haz ejercicio. Mantén tu peso a raya. Cultiva relaciones estables. Obtén una educación. Aprende a dominar herramientas para hacer frente a las dificultades de la vida.

Trabaja duro, y retírate.

Eso de trabajar como un burro para comprarte una caravana y recorrer el país cuando te retires suena a yanqui, pero el fenómeno también se da por estos lares. “En el centro de nuestra vida, está el estrés laboral, preocupaciones por los hijos y ahorrar para la jubilación. Luego se supone que nos retiramos y no hacemos nada durante los siguientes 30 años. Hay algo erróneo en todo esto”, dice Carstensen.

La experta aboga por un modelo de trabajo menos exigente y más satisfactorio a lo largo de toda la vida. “El problema no eres tú, es el modelo, que está construido para vidas cortas en lugar de largas. No tiene sentido amontonar todo el trabajo al principio, y toda la relajación al final”, dice. Un nuevo menú de opciones: trabajo a tiempo parcial, trabajo voluntario o comenzar una carrera nueva. Todo esto suena a ciencia ficción en el panorama español de hoy, pero ¿quién sabe?

El mito de la escasez.

El causante de la escasez de recursos, dice Carstensen, no es la longevidad sino el boom de las poblaciones jóvenes en países poco desarrollados y otros cambios demográficos complejos. “El regalo de la longevidad está desigualmente repartido por el mundo”, dice Carstensen.

Envejecemos solos.

Envejecer es inevitable, pero cada uno puede elegir cómo. “Probablemente pasarás tres décadas de tu vida como una persona vieja. Enfréntate a ello. La muerte es la única alternativa”, dice Carstensen. Si somos capaces de dejar de lado la fantasía de la eterna juventud (esa con la que la publicidad nos bombardea) podríamos prepararnos seriamente para lo que viene después. 

Categorías: Actualidad , Ciencia

Natalia Martín Cantero   23.mar.2012 10:26    

Natalia Martín Cantero

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Este blog ha dado tanta vueltas como su autora. De Madrid a Pekín y vuelta. Hablo de bienestar integral: si lo consigues, me cuentas cómo.
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