9 posts con categoría "Libros"

De mayor, pequeño

Soltarse la melena via pedro gomez
No confundir con el síndrome Peter Pan, ese que se extiende como la pólvora y que consiste básicamente en no crecer para evitar asumir compromisos o responsabilidades. Esto no tiene nada que ver con la cirugía estética, las cremas rejuvenecedoras ni con el culto a la juventud, sino con las ganas de tomarse la vida –y, sobre todo, a uno mismo– un poco menos en serio. Jugar más y preocuparse menos. El poco espacio para el juego que nos permitimos los mayores suele darse en las vacaciones, que para muchos tocan hoy a su fin. Llega el momento de volver al tajo, a lo serio. El juego, que permite soltar lastre, aprender y observar la vida desde otra perspectiva, con frecuencia más liberadora, comienza a estar mal visto hasta entre los niños, que podrían estar en clase de inglés en lugar de perdiendo el tiempo detrás de una pelota.

Yo recuerdo bien el momento en que mis amigas de infancia y yo pasamos de saltar a la cuerda y jugar al rescate a, simplemente, hablar. Desde el punto de vista de un niño, hablar es un aburrimiento. Mi hija de siete años me lo recuerda constantemente. Los mayores, bla bla bla, qué rollo. Y no sólo eso: el cuerpo de los mayores pierde agilidad, se deforma y, con frecuencia, se infla como un globo. Mientras los pequeños suben y bajan, corretean y saltan, nosotros nos sentamos en una mesa frente a una lata de cerveza, o en el ordenador. Que lo hagamos prácticamente todos no significa que sea sano. No es más que la patología de la normalidad: cada vez que se encuentre del lado de la mayoría, es tiempo de hacer una pausa y reflexionar, decía Mark Twain.

Merece la pena mencionar que Google, San Google, utiliza el juego en su empresa de forma constante como un elemento importante para estimular la creatividad y la innovación. Cuentan que a Dalí con frecuencia le entraban ataques de risa cuando se imaginaba a su interlocutor transformado en gallo de corral o en conejo, o comenzaba a inventarse parecidos entre su ama de llaves y una cabra (un truco muy bueno, dicho sea de paso, cuando te sientes intimidado por alguien).

Yo solía padecer ataques de risa en los lugares más inverosímiles, como la biblioteca pública o la pescadería, pero en las tierras castellanas de donde procedo lo que se lleva es la seriedad. La inhibición. No desentones, no preguntes de más, no te estires en la mesa, no hagas el tonto, no dejes los platos sin fregar. Caray, que no es para tanto. Si estamos aquí sólo un rato.  

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Quiero salir a pasear con un elefante
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Quiero pintar el suelo de mi cuarto
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Imágenes del libro De mayor quiero ser pequeño, de Ximo Abadía, para lectores de todas las edades que quieran soltarse la melena. 
Categorías: Juegos , Libros

Natalia Martín Cantero    2.sep.2013 09:15    

Dejar de pensar

"La mayoría de nosotros vive en un mundo de abstracciones mentales, conceptualizaciones, y fabricación de imágenes –un mundo de pensamientos. Estamos inmersos en un constante flujo de ruido mental. Parece que somos incapaces de dejar de pensar”.

En los últimos días he vivido una serie de acontecimientos que quizá determinen el rumbo de mi vida. Aunque no son acontecimientos negativos (más bien dependerá de lo que sea capaz de hacer con ellos),  han sucedido deprisa y no me ha dado tiempo a procesarlos. Como consecuencia, nado a la deriva en un turbulento mar de pensamientos.

La imagen me recuerda una interesante observación de un escritor norteamericano (no recuerdo el nombre) que tuvo que someterse a un intenso tratamiento a base de hormonas “femeninas” para combatir el cáncer que padecía. Este tratamiento no solo repercutió en su cuerpo; también en su psique.

Pasado el tiempo, el autor escribió un libro sobre la experiencia. Entre otras cosas, el escritor observa que antes de comenzar este tratamiento –es decir, cuando su mente era típicamente de “hombre”,  por así decir– sentía que navegaba (por la vida, se entiende) a bordo de un trasatlántico. Mientras que, como “mujer” (por el influjo de este tratamiento hormonal) le parecía que navegaba a bordo de un velero, pasto de las olas…

Las mujeres que me entiendan que levanten la mano. El resto puede pasar directamente a esta viñeta:

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Traducción :  

–Estaba pensando en todos mis problemas  –Estaba pensando en todo el dolor del pasado y… –Estaba pensando en toda la incertidumbre del futuro –Y estaba pensando pobre, pobre de mí –Y después estaba pensando en lo rápido que pasa el tiempo –Y estoy pensando en que nada tiene sentido. ¿Qué puedo hacer? –Deja de pensar.

La viñeta y la cita pertenecen al libro Guardians of Being. Spiritual Teachings from our Dogs and Cats

Categorías: Actualidad , Libros

Natalia Martín Cantero   23.may.2012 13:31    

Sé el cambio que quieres ver en el mundo y otras falsedades

Hace poco recibí un correo con la (supuesta) despedida de Gabriel García Márquez. Comienza así:

"Si por un instante Dios se olvidara de que soy una marioneta de trapo y me regalara un trozo de vida, posiblemente no diría todo lo que pienso, pero en definitiva pensaría todo lo que digo (…) Dios mío, si yo tuviera un corazón, escribiría mi odio sobre el hielo, y esperaría a que saliera el sol. Pintaría con un sueño de Van Gogh sobre las estrellas un poema de Benedetti, y una canción de Serrat sería la serenata que les ofrecería a la luna. Regaría con mis lágrimas las rosas, para sentir el dolor de sus espinas, y el encarnado beso de sus pétalos (...)”

Estas palabras son a Gabo lo que un pez a una castaña. Tan falsa como la famosa cita atribuida a Borges: "Si pudiera vivir nuevamente mi vida,  trataría de cometer más errores (…)". Hay puñados de citas famosísimas falsamente atribuidas. ¡Hasta el "elemental, querido Watson" podría ser falso! No somos nada.

Una de las citas más populares, que no sólo aparece en contextos "New Age" y  camisetas sino también en manuales de negocios y libros de historia pertenece a Nelson Mandela, que supuestamente la pronunció en Cape Town en 1994 como presidente electo de Sudáfrica:

 “Nuestro miedo más profundo no es que seamos inadecuados. Es nuestra luz, no la oscuridad lo que más nos asusta. Nos preguntamos: ¿quién soy yo para ser brillante, precioso, talentoso y fabuloso? En realidad, ¿quién eres tú para no serlo? Eres hijo del universo. El hecho de jugar a ser pequeño no sirve al mundo. No hay nada iluminador en encogerte para que otras personas cerca de ti no se sientan inseguras. Nacemos para hacer manifiesto la gloria del universo que está dentro de nosotros. No solamente algunos de nosotros: Está dentro de todos y cada uno. Y mientras dejamos lucir nuestra propia luz, inconscientemente damos permiso a otras personas para hacer lo mismo. Y al liberarnos de nuestro miedo, nuestra presencia automáticamente libera a los demás. Nuestro miedo más profundo es que somos poderosos sin límite”.

Como señala el profesor de literatura Brian Morton, no es que Mandela no haya dicho nunca esas palabras; “es que es absurdo imaginárselo”. Mandela acababa por aquel entonces de sacar a su país del horror del apartheid y tenía por delante enormes retos, recuerda Morton. En este contexto, ¿realmente se habría centrado en la importancia de ser “brillantes y fabulosos”?.  

La Fundación Nelson Mandela confirmó en 2007 que nunca pronunció esas palabras, pese a lo cual continúan utilizándose. Pertenecen, en realidad, a la poetisa Marianne Williamson. Pero, como señala el columnista Oliver Burkeman, queda muy bien citar a Mandela.

Tanto como a Gandhi, en sus archiconocidas palabras: Sé el cambio que deseas ver en el mundo”. O a Thoreau: Dirígete con confianza en la dirección de tus sueños”. 

Pero ni uno ni otro pronunciaron esas frases. Al menos, no con esas palabras.

La frase que escribió Thoreau en su “Walden” es bastante más compleja y sutil. En el caso de Gandhi, cambia algo más que la sintaxis: “sugiere que tus responsabilidades comienzan y terminan con tu propio comportamiento. Es apolítico, y un poco petulante”, dice Morton, que indica que no hay pruebas documentales de que Gandhi haya pronunciado esas palabras.

Lo más cercano, de acuerdo con el profesor, es esto: “Si pudiéramos cambiarnos a nosotros mismos, las tendencias en el mundo también podrían cambiar. Tal y como un hombre es capaz de transformar su propia naturaleza, también cambia la actitud del mundo hacia él. No necesitamos esperar a ver lo que hacen los demás”.

Gandhi, recuerda Morton, insiste en que la transformación personal y la social han de ir de la mano; nunca dice que baste con el cambio del individuo. Todo lo contrario. En su lucha por un mundo mejor, Gandhi insistía en que sólo un grupo de personas trabajando juntas con disciplina y persistencia podrá ser capaz de combatir la injusticia.

 “La nuestra es una era en que se cree que podemos reinventarnos a la manera que queramos. Así que refundimos la sabiduría de los grandes pensadores a la medida de nuestras ilusiones”, dice Morton. Y dejamos fuera su complejidad, su conciencia del enorme trabajo y sacrificio necesarios para emprender cambios.

Categorías: Actualidad , Libros

Natalia Martín Cantero   28.feb.2012 17:11    

¿Cuánto dura un minuto?

Haz la prueba. Toma un cronómetro. Cierra los ojos y, cuando calcules que ha pasado el minuto, observa el reloj de nuevo. El catedrático de la Universidad Complutense Carmelo Vázquez,  a quien entrevisté recientemente, hace este experimento cada año con sus alumnos. Por lo general, los que están más ocupados -los que, por ejemplo, toman clases de idiomas extra por las tardes- abren los ojos a los 30 o 40 segundos. Los más relajados (según Vázquez, los que suelen sentarse al fondo del aula), abren los ojos bien pasado el minuto. Lo interesante de esta anécdota (por lo demás nada científica) es que la percepción de lo que dura un minuto es cada vez menor. Dicho de otra forma, un minuto cada vez dura menos.  

Sabemos que el número de personas que padecen depresión crece a pasos agigantados. Pero desconocemos cómo afecta el cambio radical en el uso de tiempo, fruto del mundo siempre conectado, a nuestro bienestar emocional.   

El libro "30 razones para vivir", elaborado por la Universidad de Cornell (en EEUU), recopila las reflexiones de más de 1.000 personas de más de 65 años de todos los estratos sociales y niveles educativos a los que se plantea la siguiente pregunta: ¿cuáles son las lecciones más importantes que has aprendido a lo largo de tu vida?

El libro, que se enmarca dentro del "Proyecto Legado", derrocha sabiduría sobre lo que nos hace o no felices, el trabajo o la familia, entre otras cosas. Es reconfortante saber, por ejemplo, que la mayoría de los entrevistados no siente miedo ante la muerte, según declara, y cree que la felicidad depende mucho más de nuestras propias decisiones que de las circunstancias que rodean nuestra vida.

En algo están todos de acuerdo: la vida es corta. Cortísima, incluso cuando se llega a los 100 años.  "No se lo parece a un veinteañero, que se cree que tiene un tiempo infinito por delante. Pero la cosa es que llegas a los 60, igual tienes 20 o incluso 30 años por delante, ¿cómo quieres vivir tu vida?", dice Karl Pillemer, el profesor de Cornell a cargo del proyecto. 

Si la vida ya es corta para ellos, ¿cómo será para nosotros? 

  Bailalento

¿Alguna vez has visto a los niños jugando?
¿O escuchado el chisporroteo de la lluvia en el suelo?
¿Alguna vez has seguido a una mariposa en su errático vuelo?
¿U observado al sol desvaneciéndose en la noche?
Mejor detente,
No bailes tan deprisa,
El tiempo es corto
La música no durará.

Texto: Pedro García Morales. Extracto de su poema Baila lento. Fotografía de Ferran Jordà
Visto en Vida Sencilla

 

Categorías: Actualidad , Ciencia , Libros

Natalia Martín Cantero   29.ene.2012 09:00    

¿Pato o conejo?

Una fuente constante de bienestar en mi vida procede de las lecturas de mi hija de cinco años.  Un mal día con frecuencia se transforma en una buena noche después de leerle un cuento. Ayer, sin embargo, discutimos. Donde ella veía un conejo, yo veía un pato.

Ocurre a menudo. Donde unos ven progreso, otros ven retroceso.  Donde unos ven un hombre, otros ven una lagartija. Y así. Sólo decir que está bien empezar el año viendo lo que a uno le dé la gana; aquí un pato, allá una lagartija.   Pato_conejo

De la foto se deduce que no pretendo ponerme sesuda en mi primer post del año.

Pero me he topado con un artículo de un catedrático de fisiología que se pregunta (a raíz de la misma imagen pero en versión aburrida) qué poderoso mecanismo del cerebro nos permite tener conciencia de cuanto vemos. Para encontrar la respuesta a esa pregunta, puedes leer su texto. A mí lo que realmente me interesa no es tanto lo que vemos como lo que NO vemos.

Igual que mi hija no es capaz de ver el pato y yo sólo adiviné el conejo cuando le vi con la zanahoria en la boca, me pregunto cuántas otras cosas importantes se me escapan. Como el héroe de la película de John Carpenter Están vivos, que por casualidad encuentra una caja repleta de gafas de sol que le permiten ver el mundo tal como es. Los anuncios en las paredes o las revistas esconden, en la película, un mensaje subliminal de servidumbre en el que se nos ordena reproducirnos, obedecer, dormir, comprar compulsivamente, no cuestionar la autoridad. Un anuncio de un nuevo televisor, por ejemplo, en realidad dice "¡No penséis, consumid!". Entre nosotros hay seres con apariencia humana pero de verdadera apariencia alienígena, reptiloide, y son los ricos y poderosos y las fuerzas del orden: las gafas permiten ver el verdadero mensaje por debajo de la superficie.

También funcionarían, digo yo, en el otro sentido: estas gafas descubrirían a ese viejecito amable que siempre nos abre la puerta; al compañero que nos trae un café con la medida justa de azúcar cada mañana; a la buena gente que tan a menudo pasa desapercibida. En conclusión: yo, para los Reyes próximos, me pido unas de esas. Pato conejo pato conejo pato conejo lagartija.  

Categorías: Actualidad , Libros

Natalia Martín Cantero   12.ene.2012 12:28    

La poesía de la medicina

Resulta difícil pensar en médicos-poetas en un momento como este, donde predomina la imagen de consultorios atiborrados y médicos fríos, autómatas expendedores de recetas. Y, sin embargo, la medicina ha sido tradicionalmente caldo de cultivo de poetas. No en vano Apolo era dios de la poesía y de la medicina, dos artes que, en la mente de los antiguos griegos, aparecían íntimamente ligadas entre sí.

Ahí están John Keats, Oliver Wendell Holmes, el muy influyente William Carlos Williams, Más cerca de nosotros, recordemos al famoso endocrinólogo Gregorio Marañón.

Eran otros tiempos. Así que cuando la escuela de medicina de la Universidad de Yale, en EEUU, organizó en colaboración con otra escuela de medicina de Londres un concurso de poesía para sus estudiantes, la pasada primavera, no vaticinaban una acogida a su propuesta particularmente calurosa. Pero se ve que las musas –junto con los 1.500 dólares de premio para la poesía ganadora– hacen milagros, y al final el número de participantes ascendió a la nada despreciable cifra de 160.

“Habíamos infravalorado el interés de los estudiantes en poesía (…) y la calidad de su trabajo”, señaló John Martin, organizador del concurso y profesor de medicina cardiovascular del University College, en Londres. A Martin se le saltaron las lágrimas con el poema Mastectomía, uno de los ganadores, que comienza así (traducido del inglés):

será un honor limpiar las cicatrices
no creas que mis lágrimas
suponen una pizca de lástima
sólo alegría
podría bañar mis ojos.
será un placer 
abrazarte

Martin cree que la buena acogida que ha tenido el concurso refleja una resurrección del interés entre los médicos por la poesía. Al fin y al cabo, la habilidad para conectar emocionalmente con el paciente siempre fue algo necesario. Al menos hasta que numerosos doctores comenzasen a integrarse en el engranaje de una fábrica de tratar enfermos al servicio de la industria farmacéutica (y, más recientemente, de los recortes).

La poesía se nos antoja un buen antídoto contra esta maquinaria que amenaza con tragarse a unos y otros. Con ella, señala Thomas Duffy, profesor de medicina de Yale, los médicos estarán “más preparados para plantear a los pacientes las preguntas adecuadas”. Duffy no es el único en creerlo: la escuela desarrolló recientemente una lista de lecturas obligatorias, poesía incluida, para sus estudiantes.

¿Qué mejor manera de expresar, por ejemplo, lo que siente un paciente al que se le acaba de diagnosticar un cáncer? Como concluye el poema Cáncer de Invierno, de Marilyn Hacker,

Tu voz le pide a la noche indiferente:
“Todavía no sé cómo morir. Déjame vivir.”

Más poesía y menos recetas. Lo dejó dicho Robert Graves: "Una bien seleccionada antología es un dispensario completo de medicina contra los trastornos mentales más comunes, pudiendo emplearse lo mismo para prevenirlos que para curarlos".

Categorías: Actualidad , Ciencia , Libros

Natalia Martín Cantero    7.dic.2011 09:07    

Por qué decidir cansa: cruzar el Rubicón

Cualquier decisión, ya sea sobre mudarte a otro continente o elegir el sabor del helado, puede analizarse por partes. Es lo que los psicólogos llaman “el modelo Rubicón”, en referencia al río donde César pasó una noche atormentado por las dudas: si lo cruzaba, se consideraría una invasión a Roma. Tras comerse el coco durante toda la noche, César pronunció su famosa frase (“alea iacta est”, la suerte está echada), y decidió dar el salto.

Pues bien: cruzar el Rubicón es más cansado que mantenerse en cualquiera de las orillas, según se deduce de los experimentos referidos en “Fuerza de voluntad: redescubriendo la mayor fortaleza humana”, el libro del que hablábamos en el post anterior. Es decir, te agotas más en el acto de decidir que quedándote en uno u otro lado del río, por seguir con la metáfora. No en vano, recuerda John Tierney, coautor del libro, la palabra decidir comparte su raíz etimológica con homicidio. Buena parte de la resistencia a tomar decisiones procede del miedo a renunciar a opciones. Cuando se decide, se pierde algo. Vaya.

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"Demasiadas opciones", por Cwgoodrow

Enlazando con el post anterior: cuando estás fatigado emocionalmente, te resulta más difícil llegar a soluciones de compromiso. Renunciar es una habilidad muy compleja, y una de las primeras en declinar cuando la fuerza de voluntad está bajo mínimos.

Azúcar: gasolina para el cerebro 

Tan obsesionados estaban comparando el cerebro con un ordenador, que los psicólogos olvidaron incluir una parte mundana pero esencial en la ecuación: para que la “máquina” funcione, necesita gasolina. Y esta gasolina es el azúcar, la pieza que restablece, casi como por arte de magia, la fuerza de voluntad. Cuando sus niveles son bajos, el cerebro dejar de hacer algunas cosas y comienza a hacer otras: responde a las recompensas inmediatas y pone menos atención a los proyectos a largo plazo. Un modus operandi que no conduce precisamente a decisiones acertadas.

El papel del azúcar explica por qué seguir una dieta es tan difícil incluso para quienes muestran gran fuerza de voluntad en otras lides. Es la pescadilla que se muerde la cola: para no comer, la persona a dieta necesita fuerza de voluntad. Para tener fuerza de voluntad, necesita comer. Dicho de otro modo: si tu juicio se celebra justo después de que el juez se haya despachado un dónut, tienes más probabilidades de resultar inocente.

El problema, por supuesto, es que lo que identificamos como azúcar suelen ser las guarrerías y no la fuente más constante de glucosa que procede de comidas verdaderamente nutritivas.

Los buenos “decididores” 

La buena noticia es que la habilidad de decidir bien no es un rasgo de la persona, como ser bajito o tener los ojos azules. Por el contrario. Como señala Roy F. Baumeister, el psicólogo social coautor del libro, "se trata de un estado que fluctúa. Incluso los más sabios no tomarán buenas decisiones cuando no están descansados y su nivel de glucosa es bajo”.

Las personas con mayor autocontrol son las que estructuran su vida para mantener su almacén de energía mental "lleno" y conservar fuerza de voluntad; los que establecen hábitos para eliminar el esfuerzo mental de tomar decisiones. En palabras de Tierney, usan su autocontrol no para atravesar las crisis, sino para evitarlas. Llevan el coche al mecánico antes de que se averíe; se conceden el tiempo suficente para terminar sus proyectos; van al dentista antes de que se les caigan los dientes. Y toman las grandes decisiones por la mañana. 

Y tú, ¿cuál es tu estrategia para conservar el autocontrol y evitar el "cansancio de decidir"? 

Categorías: Actualidad , Ciencia , Libros

Natalia Martín Cantero    7.sep.2011 19:25    

Por qué decidir cansa (y qué hacer para evitarlo)

Nos pasamos, como media, cuatro horas al día resistiendo tentaciones: comer y dormir, principalmente, seguidos de deseos de ocio y sexuales. Así que no es de extrañar que tanta gente sienta que le falta fuerza de voluntad, una virtud que aparece en la cola -después de creatividad, honestidad, sentido del humor, entre cerca de dos docenas de cualidades- en esta encuesta realizada a más de un millón de personas en todo el mundo. 

En torno a la fuerza de voluntad –o falta de ella- y las dificultades para tomar decisiones gira el libro “Fuerza de voluntad: redescubriendo la mayor fortaleza humana” que acaba de salir al mercado en Estados Unidos (sin traducción al español por el momento). La conclusión principal del libro, ratificada por una amplia amalgama de experimentos, es que la fuerza de voluntad actúa como un músculo que se fortalece con la práctica y se fatiga con el sobreuso. Como los músculos, se alimenta de azúcar. Por eso comer y dormir –o no hacerlo- tiene enormes repercusiones en el autocontrol. Hay mucha tela que cortar, de modo que iré por partes en este y los siguientes posts. 

Consulta con la almohada 

El momento del día en que uno toma la decisión es crucial. El trabajo mental que requiere la toma de decisiones es agotador y se va acumulando en el cerebro. Por eso, al final del día estarás en peores condiciones de elegir lo más apropiado que por la mañana. Tras investigar el comportamiento de los jueces -profesionales que se ganan la vida decidiendo- los psicólogos llegaron a la conclusión de que tienes más posibilidades de seguir entre barrotes si tu juicio se celebra por la tarde.

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Imagen de la Asociación Elar

“No importa lo racional que trates de ser. No puedes tomar decisión tras decisión sin pagar un precio biológico”, señala John Tierney en este artículo, avanzadilla del libro coescrito con el psicólogo social Roy F. Baumeister. Cuantas más decisiones tomes en el día, más se esfuerza tu cerebro y menos energía mental tienes. Cuando ya no puede más, tu cerebro opta por uno de estos dos atajos: a. Se convierte en un irresponsable y actúa impulsivamente. b. No hace nada, y evita tomar decisiones.

El ego agotado 

La fatiga de las decisiones es el nuevo descubrimiento relacionado con “ego depletion” o "ego agotado", un término relacionado con una teoría freudiana que indica que disponemos de un almacén finito de energía mental disponible para el autocontrol. Si te pasas el día evitando el chocolate o las patatas fritas, serás menos capaz de resistir otras tentaciones, sin importar cuál sea su calado. La fuerza de voluntad es, así, un músculo que se fatiga. 

Para el miércoles: los buenos "decididores" (¿estás entre ellos?). 

Categorías: Actualidad , Ciencia , Libros

Natalia Martín Cantero    5.sep.2011 09:30    

Camino y carretera

"Claro que hay lugar para la esperanza, pero lo malo es que no sabemos dónde", dice Garrido hoy. La frase casi me gusta tanto como aquella otra: "lo que hay que saber no es lo que hay detrás de la noticia, sino delante de ella". En la famosa canción de Manu Chao, la esperanza siempre queda en la próxima estación. En este bellísimo pasaje de Milan Kundera, forma parte del propio camino:

 “Camino: franja de tierra por la que se va a pie. La carretera se diferencia del camino no sólo porque por ella se va en coche, sino porque no es más que una línea que une un punto con otro. La carretera no tiene sentido en sí misma; el sentido sólo lo tienen los dos puntos que une. El camino es un elogio del espacio. Cada tramo del camino tiene sentido en sí mismo y nos invita a detenernos. La carretera es la victoriosa desvalorización del espacio, que gracias a ella no es hoy más que un simple obstáculo para el movimiento humano y una pérdida de tiempo.

Antes de que los caminos desaparecieran del paisaje, desaparecieron del alma humana; el ser humano perdió el deseo de andar, de caminar con sus propias piernas y disfrutar de ello. Ya ni siquiera veía su vida como un camino, sino como una carretera: una línea que va de un punto a otro, del grado de capitán al grado de general; de la función de esposa a la función de viuda. El tiempo de la vida se convirtió para él en un simple obstáculo que hay que superar a velocidades cada vez mayores.

El camino y la carretera son también dos concepciones diferentes de la belleza. Cuando alguien dice que en tal o cual lugar hay un paisaje hermoso, eso significa: si paras el coche verás un hermoso castillo del siglo XV y junto a él un parque; o: hay allí un lago y, por su brillante superficie, que se extiende a lo lejos, navegan los cisnes. En el mundo de las carreteras un paisaje hermoso significa una isla de belleza unida por una larga línea a otras islas de belleza.

En el mundo de los caminos la belleza es ininterrumpida y constantemente cambiante; a cada paso nos dice: ¡Detente!”

 

Categorías: Actualidad , Libros

Natalia Martín Cantero   31.may.2011 13:32    

Natalia Martín Cantero

Bio Vuelta y Vuelta

Este blog ha dado tanta vueltas como su autora. De Madrid a Pekín y vuelta. Hablo de bienestar integral: si lo consigues, me cuentas cómo.
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